22 junio 2017

El Ministerio del Tiempo - 24: Tiempo de Hechizos

Ilustración de Conrado "Entiman" Martín
Entre las muchas virtudes que tiene el capítulo "Tiempo de hechizos" de El Ministerio del Tiempo, el tercero de la tercera temporada (toma doble número mágico) se encuentra la sorpresa; el cogerte a trasmano, con el paso cambiado. Algo que se le debe de pedir siempre a un relato de terror, más allá de la atmósfera (e incluso más que la atmósfera).

Porque como espectadores tardamos bastante rato en descubrir qué tipo de capítulo es "Tiempo de hechizos", un mérito primero de sus guionistas, Ángel Aranda y Anaïs Schaaff, y luego de su director, Koldo Serra. Nuestras sospechas sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos pueden ir más o menos desencaminadas, pero a la gran mayoría se nos quedó la boca abierta cuando vimos el aquelarre y quiénes participaban en él. Es en ese momento cuando descubres (y te das cuenta de que las pistas estaban ahí todo el rato) que este no es un capítulo sobre Bécquer sino a la manera de Becquer; que es un capítulo de Pacino; que además de ser una proclama furiosa sobre la intolerancia a lo largo de los siglos es un alegato romántico (strictu sensu) de la libertad. "Tiempo de hechizos" es el Hombre de Mimbre español, un relato fantástico anclado a partes iguales en la magia ancestral, esos viejos cultos paganos ajenos al cristianismo, y las peores partes de nuestra realidad más física. La Mencía que interpreta Miryam Gallego reune el misterio, la vulnerabilidad de las víctimas y, al final, la fuerza desesperada de quien se niega a renunciar a su último atisbo de libertad.

Incluso con las explicaciones finales sobre lo que ha motivado el cambio temporal de alianzas dentro de la Patrulla, "Tiempo de hechizos" marca un antes y un después para ellos, porque nos muestra lo que, bajo las circunstancias adecuadas, son capaces de llegar a hacer cada uno. Incluso si más adelante superan lo que han hecho y lo achacan a la debilidad frente a la droga, es un episodio doloroso (Hugo Silva no da puntada sin hilo, particularmente en el tercio final del episodio, pero es que la progresión sometida de Aura Garrido y Nacho Fresneda es la otra mitad de la ecuación de la inquietud), un capítulo en el que la historia tal vez se haya salvado, pero todos han perdido. Todos acaban llevando consigo una parte de la maldición de Trasmoz.

Es interesante descubrir que el capítulo, originalmente, tenía que haber servido para despedir a Julián Martínez si Rodolfo Sancho hubiera continuado una temporada más. Concretamente, dentro de una trilogía de despedida y en relación a los sueños premonitorios que compartía con Lorca. Aunque el resultado final del capítulo sea, por sí mismo, plenamente satisfactorio, no deja de llamar la atención que podríamos haber tenido a Lorca y Bécquer en un mismo episodio.

La otra trama de "Tiempo de Hechizos", las pruebas a las que es sometida la joven Lola Mendieta, culminan con una intrigante revelación: si Lola ha leído acerca de su futura traición, ¿estará cumpliendo con la Historia, pero no traicionando realmente al Ministerio, si decide cumplir con lo que su expediente dice que hizo/hará? ¿Es Lola Mendieta, en el fondo, la agente más fiel al Ministerio? Una serie de preguntas que despiertan el juego mental de la paradoja y del único personaje que, probablemente, acabará habiendo venido del futuro del Último y Principal Ministerio (recordemos que la Lola adulta ya recordaba los historiales de Julián, Alonso y Amelia).

Por último, el avance del siguiente capítulo nos desvela una intrigante sorpresa: sí, el próximo será "el capítulo de Goya"... pero también el del regreso de Marta, la ex compañera de Pacino en el Ministerio de los años 80.

Puntos de contacto: Blancanieves y los Siete Enanitos (la muerte de la bruja/secuencia animada), El hombre de mimbre (The Wicker Man), Las brujas de Zugarramurdi, Estudio 1: Las brujas de Salem, el cine de la Hammer.

21 junio 2017

El Ministerio del Tiempo - 23: Tiempo de espías

Decíamos ayer...

Ya, ya lo sé: llevo un retraso con las reseñas ministéricas que ni la proverbial lentitud de los procesos funcionariales españoles justifica. La última, del 5 de abril del año pasado, correspondía a la segunda parte de "Tiempo de valientes" Desopilante, mi informalidad. En mi defensa debo decir que ha sido un año muuuuy interesante, a la manera china de entenderlo, y que pienso ponerme al día. En lo que a reseñas toca, que en lo que es la serie no me pierdo ni un capítulo en directo.

Iremos, por tanto, rellenando los huecos que faltan con el final de la segunda temporada, pero de momento vamos a saltar hasta el presente. En la revista SFX pude escribir la reseña del (pre)estreno de la primera temporada, "Con el tiempo en los talones" (y en el número 3 habrá más sobre eso, incluida la columna Editorial), así que vamos allá con el segundo, el 23º hasta ahora.

Póster de David Serrano

"Tiempo de espías" tiene, de antemano, un par de curiosidades a tener en cuenta: es el primer capítulo de El Ministerio del Tiempo que adapta una historia ya publicada, en concreto en la tercera sección de la novela El tiempo es el que es. Allí, Javier Olivares ya avisaba que partía de una idea de un guion que tal vez algún día se llevara a cabo. Y así ha sido, siguiendo las líneas generales de la novela pero con cambios de los que hablaremos más adelante.

"Tiempo de espías" es también la primera ocasión que hemos tenido de ver el mar (el de verdad, no el recreado digitalmente) en la serie. Poder rodar en la playa de Peñíscola (Cala Pebret), recreando la de Punta Umbría, ha abierto por sí solo los horizontes narrativos de la serie: su mundo, por así decirlo, se ha ampliado, y las posibilidades que este aporta a los directores de cada capítulo se multiplican.

El detonante de "Tiempo de espías" es Lola Mendieta: la adulta (interpretada por Natalia Millán) se muere, enferma de cáncer desde la temporada anterior, a causa de sus viajes utilizando el túnel del tiempo radioactivo de la empresa americana Darrow. Pero es su versión joven (Macarena García) la que hace arrancar la trama: ayudando a escapar a un compañero de la Resistencia, es capturada por los nazis, algo que no estaba previsto; tratando de enderezar la historia, Ernesto encabeza un intento de rescate que sale tremendamente mal, y tanto él como la joven Lola son encerrados en un campo de concentración. La Patrulla de Amelia, Alonso y Pacino vuelve al presente para descubrir que el rescate es altamente complicado, y que además la historia vuelve a correr peligro en otro sentido: William Martin (José Manuel Poga), el hombre al que Lola salvó, debería encabezar una operación de contra-inteligencia para hacer creer a los nazis que son auténticos los documentos que lleva el cadáver de un piloto encontrado en Huelva. Los papeles indican una serie de movimientos en el Mediterráneo ficticios: la "Operación Mincemeat" debe engañar a Hitler, para poder proceder a la liberación de Sicilia mientras él cree que los Aliados se dirigen a los Balcanes. Pero los ingleses están cancelando "Mincemeat", así que Martin y la Patrulla deberán hacerse con los falsos documentos, las falsas fotografías personales y, lo más difícil, el falso cadáver, para llevar adelante su propia versión: lo que Pacino califica como "Operación Albondiguilla".

El episodio, escrito por Javier Pascual Corujo, Javier Olivares y Abigail Schaaf, comparte con su versión novelística una especie de "río fatalista", en el que los protagonistas se van viendo arrastrados por los acontecimientos sin que puedan hacer gran cosa para remediar los problemas. Algo similar a lo que ocurría en "Cualquier tiempo pasado", el capítulo del recibo del Guernica, en el que también quedaba la duda de si el Ministerio había corregido o creado la historia oficial. Pero de manera aún más dramática, teniendo en cuenta el final del episodio. Sin embargo, la versión televisiva del relato consigue mejorar mucho el ritmo de la historia, y la sensación de que nadie controla exactamente el curso de los acontecimientos disminuye: Martin adquiere un talante heroico en su decisión de que sea el suyo el cuerpo que encuentren ahogado, y aunque no tenemos la escena del libro en la que Alonso le ayudaba a ahogarse, no hay menos dolor en las escenas que comparten antes de esa muerte. La razón está, quizás, en que el episodio aprovecha su metraje no solo para contarnos la historia y esquematizar a los personajes, sino que nos los enseña en momentos personales de su vida: Martin cantando fandangos, el partido de fútbol en la playa... Todo capturado por el director Jorge Dorado con un gusto excelente, aprovechando la luz natural del pleno sol, del alba y del ocaso para amplificar las emociones, haciendo que el extraordinario trabajo de los actores quede realzado: no se trata solo de la peripecia de la semana, se trata de fotografiar unos instantes para conmovernos por el heroísmo de unas decisiones. Además de Poga, en ese sentido, Nacho Fresneda está magnífico y transmite perfectamente la conexión que establece con ese otro digno guerrero de otro tiempo. Es un capítulo donde se pierde para ganar, donde la Historia le pasa por encima a la gente como si fuera un leviatán insensible.

La otra trama, la del campo de concentración, queda ligeramente más diluida que en la novela, pero sigue permitiéndonos ver cómo Ernesto establece ese lazo de unión con la que aún no es su traidora, y ante todo nos permite ver el fragor interno que sufre Salvador Martí. Su voluntad de hacer lo correcto, de mantener la historia como es pero salvar a la persona a la que falló dos veces, nos sugiere el infierno personal que está atravesando. ¿Será posible alterar la historia de Lola Mendieta? ¿O esa mujer ya conocía a Alonso, Julián y Amelia porque ya había estado en el Ministerio de 2017? ¿Se enfrenta Salvador a sí mismo? ¿Puede cambiar la historia de una persona sin perder el control de todo lo demás?

"Tiempo de espías" es un capítulo sutil pero tremendamente hermoso, lleno de detalles (como las flores sobre la tumba) y homenajes (no solo a Mincemeat, sino al origen del fútbol), y profundamente entroncado con la relación que tiene la serie y sus creadores con el pasado. La gente, más allá de los nombres y los hechos famosos (fantásticos secundarios de lujo, Antonio Dechent, Cuca Escribano y Luisa Gavasa). Los recuerdos, el heroísmo, lo que perdemos y lo que sacrificamos. El pasado que nos duele.