16 marzo 2016

El Ministerio del Tiempo 13 - "Un virus de otro tiempo" [spoilers]

Cartel diseñado por Sergio Iniesta


   Esta semana sí. Esta semana El Ministerio del Tiempo me ha dejado con un sabor de boca incomparable: el del 10, el del episodio redondo. Incluso con esa María Pita que es poco más que una broma, apenas la punta del iceberg de lo que puede llegar a ser el personaje; incluso olvidando los viajes en el tiempo más que en el principio de la trama, y como detonante; incluso con personajes secundarios robando el foco del episodio (Velázquez, Ernesto, el Doctor Vargas, Germán); incluso con gimmick de "este es el capítulo con 50 fans de figurantes"; incluso con Salvador exiliado. O precisamente por todo ello. Porque "Un virus de otro tiempo" (escrito por Javier Pascual y Juanjo Muñoz, y dirigido por Abigail Schäaf) sacude los cimientos de lo que es un capítulo de El Ministerio del Tiempo constantemente, no con la intención de redefinirlo, sino de expandir sus fronteras, y lo consigue con nota.

   ¿Que no hay viajes en el tiempo? Pero el peligro que corre la Historia es esta vez incluso más grande, real e inmediato que nunca. Y lo peor: no hay Patrulla que pueda hacer nada para evitarlo. Porque esta vez la culpa es de esos "malos jefes" que siempre han aquejado a España. Y sí que los hay: visitas al pasado de Velázquez, Alonso y Germán, no mediante puertas sino en unos flashbacks enfebrecidos que tienen mucho que ver con estar a las puertas de la muerte y querer pasar cuentas con los momentos más importantes de tu vida. El primer triunfo, el primer amor, el adios más emocionado.

   ¿Que María Pita es una broma? No, María Pita es una semilla. María Pita es la persona, no el personaje, no aún, no todavía. Tiene todo su futuro por delante, y precisamente por eso se convierte en uno de los elementos de presión del episodio, en símbolo de lo que está en juego. Este episodio va sobre la responsabilidad real que tiene el Ministerio, no sólo a la hora de llevar a cabo sus misiones sino en conjunto: este episodio, aunque se base en un error de Susana Torres, le da la razón en una cosa que dijo el capítulo anterior, cuando se entera de que Angustias está en una misión. 

   Y para ello, el episodio juega todas las bazas que tiene sobre lo mucho que se puede perder: con personajes importantes que ya conocemos (Irene y Alonso), con personajes secundarios que conocemos menos pero a los que les tenemos aprecio (Germán), con personajes históricos conocidos (Velázquez) y nuevos (María), incluso con NOSOTROS MISMOS como espectadores de la serie, ya que esta vez tenemos a "muchos de los nuestros" en la cuarentena. Esto no es un gimmick: de repente, "esta mierda" se ha vuelto muy real. No es un personaje el que está en peligro: es un amigo, es una hermana. Eres tú. De repente, la bala perdida ha caído demasiado cerca. Mires donde mires, de hecho, no parece haber escapatoria: tengas la implicación emocional o intelectual que tengas con la serie, estás tocado, y cuanto más implicado estés, más amenazado estarás. Todo lo que se puede perder, todos esos futuros inconclusos, todos esos pasados que desaparecerán como lágrimas en la lluvia... Si hay una definición de "hecatombe histórica", está en el amenaza que pesa sobre los personajes en este capítulo. Los pequeños respiros de humor que se permite son necesarios porque las apuestas esta vez están muy altas: el despiste de Pita, los restauradores en Altamira, la bofetada de Amelia. Y se agradecen mucho. 

   Pese a todos los cambios, además, "Un virus de otro tiempo" nos adentra más que nunca, desde el primer capítulo, en la mitología y organización del Ministerio: sistemas de seguridad, megafonía, enfermería, llamadas del Presidente del Gobierno, personajes que reciben su nombre (Germán por delante de cualquier otro, por supuesto) y no sólo eso, sino su historia. La magnífica videoconferencia con Gregorio Marañón, en la que por unos instantes crees que están hablando con el Hospital, pero evidentemente no es así: hablan con el Hombre. La sutil referencia a las excusas de Amelia a sus padres sobre sus desapariciones. Ernesto que continúa, en cierta manera, aquella conversación con Salvador de hace un par de capítulos, sobre si alguna vez se había permitido incumplir alguna norma. El propio jefe que ya no está pero que ha dejado un hueco enorme... y que evidentemente está tramando algo. Los disparos con bala contra incompetencias burocráticas recientes como la del ébola o los tejemanejes de las farmacéuticas.

   Hay valentía en los planteamientos y en la ejecución. Hay una genialidad en el dibujo del Doctor Vargas que hace José Luis Torrijo, como de alguien que es totalmente familiar pero al mismo tiempo desconocido, un elemento de la ecuación en el que no habíamos caído pero que es muy fácil de asumir desde su primera escena en el nacimiento de Carmen Amaya. Hay una ambigüedad calculada en el final del personaje y sobre todo una sensación de contundencia familiar en su rabia, con la que también podemos identificarnos: también nosotros conocemos a jefes incompetentes a los que les va mucho mejor de lo que se merecen, desde luego mucho mejor que a nosotros. Y esas frases... "conocerle ha sido un gran honor y una gran putada". Escrita sin miedo y dicha con convicción. Aunque este no sea un episodio escrito por Javier Olivares, se nota que sigue detrás de cada uno de los capítulos: por fin en España se nota que hay unos showrunners como él y  Marc Vigil.

   "Un virus de otro tiempo" es un experimento en la línea de llevar El Ministerio del Tiempo más allá de los cáuces y de las fórmulas que le podamos presuponer. Por tanto, es un experimento, pero fiel a la línea de esta temporada. Da mucho y promete más. Alimenta mucho las ganas de mucho más, durante mucho tiempo. Y sabemos que eso no es posible: no a este ritmo, no con estos presupuestos, no con esta calidad. No se puede mantener la genialidad eternamente a 120 por hora con el tanque en la reserva. "Un virus de otro tiempo" es lo que le pido a la televisión: que me fidelice y me recompense por mi fidelidad, que me emocione y me haga pensar, que me haga exigir a los que rigen los destinos de la serie que la renueven, que es necesario, que es obligatorio, con esa libertad, con esa apertura de mentes y ese derroche de talento, pero que el potencial que exhibe semana tras semanas necesita tiempo y recursos para poder seguir ascendiendo.

   El Ministerio es mi virus de otro tiempo: y estoy absoluta, feliz e irremediablemente infectado.

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