16 febrero 2016

El Ministerio del Tiempo 9 - "Tiempo de Leyenda" (con spoilers)


Con el póster diseñado para el capítulo por Sergio Iniesta (fanmade pero, como otros, pronto disponible en la tienda de RTVE), abrimos ya oficialmente la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo. Había muchas ganas de ver "Tiempo de Leyenda", alias "el episodio del Cid", del que se empezó a hablar casi en el momento que se confirmó que existiría esta segunda tanda de episodios, máxime tras el pre-estreno del mismo en un cine de Madrid la semana pasada 

"Tiempo de Leyenda", coescrito por Javier Olivares y Diana Rojo y dirigido por Marc Vigil, es un título que se refleja en el episodio que le precede, "La Leyenda del Tiempo", y no es algo accidental ni meramente estético. Una buena parte de la trama circula alrededor de las consecuencias de lo que ocurrió en el final de temporada: la caída en desgracia de Julián e Irene, la dinámica dentro de la Patrulla, las crisis del Ministerio. No se trata sencillamente de seguir adelante, sino de tomar lo que ha ocurrido como una plataforma, como un punto de partida para que tanto las historias de los personajes como sus personalidades puedan evolucionar de manera fiel e interesante. Amelia está más segura como líder de la Patrulla, Alonso ya acepta su mando pero sigue siendo fiel a sus principios, Julián sale del callejón al que había llegado y toma un nuevo rumbo.

Pero además, cómo aquel, éste capítulo habla de un agente del Ministerio que viaja al pasado para tratar de hacer algo en principio prohibido: corregir la muerte de alguien. Nada menos que El Cid Campeador. Rogelio Buendía (Sergio Peris-Mencheta), agente del Ministerio de 1960, provoca accidentalmente la muerte del legendario héroe castellano en 1079, 20 años antes de lo que le toca, y decide con la connivencia de su jefe (estupenda la fugaz aparición de Carles Flavià como subsecretario de la época franquista), no decir nada a nadie y suplantarlo a partir de ese momento. El Ministerio de 2015, que no sabe nada de todos estos manejes, investiga por su parte la aparición de dos supuestas tumbas del Cid en lugares distintos y viaja a 1099 para tratar de descubrir la verdad...

Explicado así suena muy fácil, pero Olivares, Rojo y Vigil dosifican la información inteligentemente a lo largo del episodio para mantener la intriga lo suficiente, e incluso cuando se descubre el misterio aún quedan suficientes hilos de los que tirar para que la historia siga atrapando al espectador: el caso y la conciliación de las dos versiones del Cid (el mercenario histórico y el héroe romántico) acaba siendo casi un McGuffin, porque lo que de verdad interesa no es la explicación sino lo que lleva a los personajes a crearla. La influencia de la leyenda en el carácter de unos hombres que son capaces de anteponer el deber a sus vidas. La ficción como inspiración, la ficción elevada a ADN nacional.

Peris-Mencheta está estupendo en cada una de sus fases, desde el joven agente que mete la pata al principio hasta el Cid consagrado pero que añora la vida que dejó atrás, en otro tiempo, y especialmente en la escena de su muerte, en la que tiene también mucho que decir el otro gran personaje del episodio, Savitri Ceballos como Doña Jimena. Es gracias a ella que la trama recibe un nuevo hálito, inspirada en esta ocasión por el famoso caso de Martin Guerre que inspirara films como Sommersby (1993) o su precedente francés, Le retour de Martin Guerre (1983).

Es también éste un episodio de retorno a las pantallas, de renovación pese a unos resultados de audiencia televisiva tibios, pero con un estupendo seguimiento digital y con un fenómeno fan incomparable en el panorama nacional, y como tal hace también las veces de festival. Hay momentos de fanservice variados, que no acaban de interferir con la trama, desde Salvador ponderando el horror de que alguien hubiera hecho una serie de televisión sobre el Ministerio hasta la aparición de Blas de Lezo o el "yippee-ki-yay ideputas" de Espínola (es decir, de Ramón Langa, es decir, de la voz de Bruce Willis). Y por supuesto sigue el humor transcronológico de la serie, lo encarne un sencillo encendedor en la Edad Media o un canario con flow que ha luchado en Cuba, en el Rif y hasta con Viriato.

¿Que algún espectador puede quedarse con las ganas de ver esa batalla elidida hacia la que se lanzaban Espínola y Alonso? Evidentemente. Pero en algún momento hay que trazar la línea, en algún momento hay que decir "con este presupuesto puedo generar la ilusión de un ejército de miles de almorávides, pero no puedo mostrarte la batalla en condiciones". Y el hecho mismo de que el espectador pueda tener esas expectativas dice mucho de lo que se ha conseguido en los 50 minutos anteriores. El equipo de efectos especiales y los responsables de vestuario y utillaje también pueden darse por satisfechos, porque han conseguido reproducir la calidad que esperamos de una película en una serie, con la diferencia de presupuestos abismal entre ambas. Si alguien quiere algo tan épico como la Guerra y Paz de la BBC, tendrá que darle a El Ministerio del Tiempo el tiempo y el presupuesto de Guerra y Paz de la BBC.

Mientras llega ese presupuesto y ese tiempo de cocción, aplaudo, mucho y muy fuerte, lo que Javier Olivares y su equipo han logrado con las herramientas en sus manos. El Ministerio del Tiempo ha vuelto por todo lo alto, y ya hay ganas de que siga extendiendo su leyenda.

PD: no sé si tener siquiera la osadía de pensar que las puertas conectadas "en túnel"* son un homenaje a mi primer fanfic sobre la serie, "A Destiempo", o (lo más probable) que sencillamente bebe de una misma idea que para cualquiera que ha leído sobre viajes en el tiempo flota en el aire. Pero en cualquier caso me ha encantado :)

* Digo en túnel porque, puesto que "no se puede viajar al futuro" y Julián tarda unos segundos en salir por la otra puerta después de haber atravesado la primera, en vez de aparecer por la segunda antes de entrar, se supone que hay un mínimo recorrido entre ambas ^_^

3 comentarios:

Maria Elicia Chopin dijo...

Pues como por ser el autor no puedes tener la osadía. Yo, por ser tu lectora, tengo el derecho de fantasear. Si, fue por tí, fue tu brillante idea, por ti dieron a Julian el castigo que su infantil rabieta merecia.
Saludos y hasta la siguiente mision

Maria Elicia Chopin dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rin el Hobgoblin dijo...

Felicidades por el blog.
Estoy totalmente de acuerdo en la fantástica evolución que los guionistas dan a los personajes de la primera temporada. La batalla elíptica me pareció muy acertada. Igualmente no puedo estar más de acuerdo con la gran interpretación de Sergio Peris-Mencheta (quién me iba a decir hace 20 años que aquellos jóvenes que destripaban guiones en una serie que detestaba y esperaba cada día, se habrían de convertir en los grandes actores que son hoy en día. Menuda cantera fue Al Salir de Clase!).
Los guionistas llevan el tempo del episodio con maestría, pero como buen hobgoblin, debo mostrar lo que no me ha gustado. En el primer episodio de esta segunda parte he detectado cierta dejadez por parte de los guionistas para conseguir que la historia encaje de manera perfecta, como consiguieron a mi parecer en la primera etapa. Me explico (spoilers!): el momento que desata la historia, la muerte del verdadero Cid, ocurre cuando el compañero torpe de Rogelio Buendía distrae al Cid... por qué el sacrificio recae en el honorable Rogelio y no en el cámara? Es más, me parece que enviar un equipo al pasado para grabar unas imágenes del Cid para que Charlton "rifle" Heston se inspire, responde muy poco a la lógica función del Ministerio que nos enseñaron en la primera temporada. Siguiendo con otros detalles menores y más subjetivos, no me gustó el chiste de las bravas, me pareció demasiado simple, aunque sé que entro en un terreno muy personal. Tampoco me gusta que Espínola pase de ser un hombre altanero y noble al principio a un simple y afable compañero de viaje al final, esperaría mayor elaboración del personaje. Para acabar, es difícil imaginar que Rogelio volviera von la armadura y el anillo del Cid,así como con su caballo y la Tizona y que sus hombres no dijeran nada,peor aún,que Doña Jimena,así de buenas a primeras, durmiera con él sin decir ni mu. La explicación que da en el episodio me parece cofia con pinzas.
Sé que he hilado muy fino, pero echaré la culpa a la primera temporada, que me dejó con grandes, quizás demasiado grandes, expectativas.
Abrazos y de nuevo, gracias por este fantástico blog.