31 diciembre 2015

¡Arriba el telón! 12 críticas (y van 42) y dos entrevistas

Acabamos 2015 con un buen sabor de boca: aunque he dejado algo de lado los análisis whovians (acabaremos las que quedan de la temporada 9 a lo largo de Enero), he vuelto a ponerme las pilas en el terreno del periodismo cultural, dentro de la web teatral En Platea: han sido un total de 42 espectáculos criticados (aquí los 10 primeros, las 13 siguientes obras y las 7 posteriores) de los que compilo ahora, para cerrar el año, las últimas entregas: drama y comedia, teatro adulto y familiar,  musicales, óperas, conciertos e incluso magia.

Espero haberme acercado a lo que siempre intento: transmitiros mis sensaciones e impresiones más allá de decidir si una obra es buena o mala, sino tratando de comprender si logra sus objetivos y de encontrar a su público ideal. Ponerme en vuestro lugar como espectadores, compartir lo que me apasiona.

Y mi nuevo libro, Broadwayrriors, sobre la historia del teatro musical, está al caer. ¡Arriba el telón!

31. El largo viaje del día hacia la noche: "Cómo un solo día puede liberar todos los fantasmas familiares" (29 de octubre)
32. "¡Ay, Carmela!: amor, orgullo y tragedia" (3 de noviembre) + ENTREVISTA
33. "El Eunuco, teatro clásico y comedia de enredo jugando al musical" (5 de noviembre)
34. "Patufet, un musical familiar para el siglo XXI" (10 de noviembre)
35. La Traviata: "La esencia de Violetta y Alfredo, concentrada en el Teatre Gaudí" (25 de noviembre)
36. Camargate 1.1: "Lo que se dijo en La Camarga: teatro verité" (1 de diciembre)
37. "Cuatro sensaciones sobre 73 raons per deixar-te" (4 de diciembre)
38. Marits i mullers: "Escenas de matrimonios insatisfechos con la felicidad" (14 de diciembre)
39. Ozom: "Un pequeño viaje por la historia reciente de la magia" (15 de diciembre)
40. La màgia de Broadway per Nadal: "Fantástico concierto de la OBC con grandes estrellas del musical" (20 de diciembre)
41. Da Capo: "Adeu, Vol-Ras" (21 de diciembre)
42. "El Gran Llibre Màgic, propuesta familiar a medio gas" (22 de diciembre)

BONUS TRACK: Entrevista a Esperanza Pedreño por su obra "Mi relación con la comida" (3 de diciembre).

Críticas 2015: 1 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42
Críticas 2016: 43 a 52 | 53 a 62

El Ministerio del Tiempo will return... in 2016

Ya tenemos aquí el primer trailer completo de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo. Spoilers para quien no quiera saber nada (especialmente quién reaparece o qué grandes personajes históricos se incorporan a la trama), pero muy prometedor por lo que mantiene y por lo que expande...

25 noviembre 2015

Opinión y análisis de "The Woman Who Lived" [spoilers]

Tras una pausa en la que poca tele hemos visto, retomamos ahora la sana costumbre de ver Doctor Who, concretamente la temporada actual (precisemos). Y continuando donde lo dejamos, hoy toca hablar de The Woman Who Lived. No hay demasiada cosa que comentar del episodio, así que combinaremos opinión y análisis en la misma entrada. Juntas pero no revueltas...

El póster de Stuart Manning no sólo sigue siendo impresionante sino totalmente pertinente para la historia. Y, según como se mire, es casi lo mejor del episodio...

OPINIÓN
La premisa es que el Doctor está viajando solo mientras Clara está atendiendo sus asuntos, y se reencuentra, en la Inglaterra del siglo XVII, con la Ashildr a la que hizo inmortal en el episodio anterior. Excepto que ahora se hace llamar Me (una forma de rechazo al control de su identidad por la sociedad) y se dedica a asaltar diligencias.

Por si no lo había dicho antes, lo repito: Maisie Williams me parece una actriz floja, floja. Partiendo de eso: en este capítulo, el director Ed Bazalgette logra sacarle un poquito más de jugo que en el anterior, con el que forma una pareja un tanto esotérica. Si "The Girl Who Died" iba sobre lo que hace funcionar al Doctor y lo que debe respetar para respetarse como Doctor y cómo Señor del Tiempo, "The Woman Who Lived" habla de las consecuencias de sus actos, sí, pero en realidad de los problemas de ser inmortal. Y no es por desmerecer a la guionista Catherine Treggena, pero Neil Gaiman lo explicó bastante mejor en las veintipocas páginas del nº 13 de Sandman, "Men of Good Fortune". Un Hob Gadling, el inmortal de Gaiman, que probablemente haya inspirado al Sam Swift de este episodio.

Pero dejemos de hablar de Gaiman (¿por qué?) y volvamos a "The Woman Who Lived": el marco de la historia es la Inglaterra de los "highwaymen", con Dick Turpin a la cabeza, un "lugar" con componentes tan familiares como el México del Zorro. A nivel formal, el episodio cumple con lo que se espera de esa época: los salteadores, las dobles identidades, los soldados corruptos, los robos, las ejecuciones en la horca... En ese sentido, nada que objetar, y desde luego resulta mejor que el "maiz", los "cascos con cuernos" y las "anguilas" de los vikingos del anterior.

El alienígena del episodio complica un poco las cosas, ya que no acaba de funcionar por sí mismo. Está muy bien realizado y puede dar juego a futuros encuentros con su especie, pero no se le exprime lo suficiente, para mi gusto.

El conjunto acaba resultando soso, en general, con puntuales destellos de interés que sugieren que, como two-parter de la serie clásica, probablemente hubiera resultado mejor. Hay que aplaudir a Bazalgette por su uso de la iluminación natural durante las escenas nocturnas, pero más allá de esos valores formales, me convenció poco, incluso un poco menos que el anterior. Si tuviera que calificarlo de alguna manera, diría que es un buen diálogo o a lo sumo una historia corta disparada innecesariamente al tamaño de un episodio.


ANÁLISIS
El Doctor como sidekick es posiblemente una de las cosas buenas que hay que reconocerle al capítulo, junto al impresentable Sam Swift de Rufus Hound (cómico whovian). Me gusta también que nuestro héroe se mantenga en sus trece y consciente de que Ashildr/Me es responsable de sus acciones, y desde luego no alguien con quien le convenga viajar, exactamente igual que no lo era Lady Christina de Souza ("Planet of the Dead", 2009), otra ladrona que lo era por la adrenalina. Y sigo sin entender qué se le pasó por la cabeza para hacerla inmortal...

Los diarios de Me son un elemento icónico, que evocan por supuesto al propio "Diario de 500/700/900.../2000 años" del Doctor, y que vimos por última vez en el anterior episodio. Y dentro de los planteamientos de la inmortalidad, es muy de recibo que guionistas y protagonista recuerden a Jack Harkness de la breve pero destacada manera que lo hacen.

En la escena en que Swift asalta al Knightmare, el Doctor hace referencia a varias de sus reglas contra las fanfarronadas y el parloteo, que ya expresara vehementemente en "Robots of Sherwood" (2014). Hay también una referencia al futuro incendio de Londres que iniciarán los Terileptils: la historia completa, en el serial "The Visitation" (1982) del Quinto Doctor. Tengo, por cierto, mis dudas de si el cartel de "Se Busca" del Doctor es una silueta del que ahora encarna Peter Capaldi, o tal vez la del Sexto Doctor de Colin Baker...

Respecto a los "companions abandonados en el pasado" que pueden haberle hablado a Ashildr de la TARDIS, los viajes por espacio y la tendencia del Doctor a abandonar a sus compañeros... la verdad es que no se me ocurre ninguno. Todos, incluso Jamie (del siglo XVIII) y Victoria (del XIX), corresponden a fechas posteriores al periodo que ha vivido ella (o en el caso de Katarina, demasiado anterior y sin hueco para hablar con nadie). Como no se refiera a Leonardo DaVinci...

Y ya que lo mencionamos: el hombre-león de esta historia, Leandro, tiene un cierto parecido con los Tharils de "Warrior's Gate" (1981), una raza que no escupía fuego pero sí cruzaba entre mundos. ¿Quizás los Leonianos eran antepasados de los Tharils, antes de la construcción de The Gateway entre el Espacio-E y el Espacio-N?

20 noviembre 2015

Pablo Olivares, presente

Mucho se sigue hablando de "El Ministerio del Tiempo" y de Javier Olivares, raro es el día que no haya una noticia, una reseña, un comentario o una entrevista. Y lo merecen, por muchas razones. Pero hoy es el día de recordar a Pablo Olivares, cocreador de la criatura, que murió a causa del ELA sin ver terminada la primera temporada.

Estoy convencido de que la segunda temporada de esta serie va a ser espléndida, como lo estoy de que, si Pablo siguiera con vida, sería mucho mas genial. De hecho, buena parte de las razones que harán espléndida esta segunda temporada  son Pablo Olivares. Por lo que hacía, por el alma que le ponía y porque su memoria impulsa al equipo a superarse.

Dicen que uno no acaba de morir del todo hasta que dejan de recordarle. En el caso de Pablo no es sólo eso: es que sigue creando...

01 noviembre 2015

MdT: Un acto de venganza (III)


Prólogo Cap.I | Cap.II | Cap.III | Cap.IV | Cap.V | Cap.VI    

(Corte de Bohemia, 1587)

   El antiquísimo espejo de obsidiana negra, labrado y pulido por alguna ignota civilización precolombina, reflejó de extrañas formas las facciones del hombre a la cambiante luz de las velas; había instantes en los que ni siquiera parecía el reflejo de un rostro humano, sino un espectro de otro mundo. Y en otros momentos, las fantásticas formas se asemejaban a letras; caracteres de un alfabeto extraño.
   -Está escribiendo otra vez -anunció Edward Kelley, anteriormente conocido como Talbott; su pronunciación era defectuosa, a causa de las drogas que le mantenían en trance-: "Ewn gath synne rith nach gaard“.
   -"Puertas al pasado" -tradujo John Dee, poniendo por escrito aquellas palabras-. "En un Imperio donde no se pone nunca el sol".
   Las siguientes palabras del "scryer“ (o "médium“, como daría en llamarse su profesión siglos después) fueron aún más ininteligibles: aparte de aquellos dos hombres, nadie en el mundo habría sido capaz de interpretar la lengua de Enoch. El lenguaje de los espíritus.
   -"En una nave negra. Dando a una galería secreta" -fue la siguiente traducción del astrólogo inglés-. "Docenas de puertas, a muchas épocas" -hizo una pausa para reflexionar-. Todo el tiempo de un país enemigo, en nuestras manos. Si consiguiéramos acceder a ellas...
   -Este espíritu... Uriel... quiere algo más -interrumpió el "scryer", esta vez en inglés.
   -¿De qué se trata?
   El médium pareció dudar:
  -Os ofrece el conocimiento sobre el pasado y el futuro. Pero a cambio, dice que hay un precio.
   -¿Cuál es? -solicitó Dee, sin darle demasiada importancia.
   -No es posible... -el tosco rostro del scryer reflejó un instante de duda y aprensión-. Me pregunto si es un ángel o un demonio. ¿Estamos seguros de con quién acabamos de contactar?
   -Hablad -le urgió el astrólogo.
   Kelley, o Talbott, dudó por última vez. No las tenía todas consigo.
   -Desea... algo impuro. Pero no de vos.
   -Lo acepto igualmente: deseo saber más -Dee se encogió de hombros-. Para estos seres no existe el Tiempo. ¡Pueden revelarnos tantas cosas, de cualquier época...!
   -La tercera Luna del Traidor desentrañará una conspiración -habló el médium, transmitiendo una voz de otro mundo; palabras que sólo él podía oír-. Y la Luna de Sangre traerá la caída del Dragón. Ahora... ahora exige el pago. Os lo advertí: hay un precio.
   -Está bien -se exasperó Dee-. ¿De qué se trata?
   -No es qué, sino quién. Quiere que le entreguéis a alguien -incluso a pesar de la embriaguez provocada por las drogas, Edward dudó un instante: ¿sería aquél el fin de su relación con aquel alquimista? ¿Mataría Dee al mensajero?-. Entregadle a vuestra esposa.


* * * * * * * * * *

(Estuario del Támesis, Febrero de 1589)

   El joven Alonso de Entrerríos, de guardia en la cubierta del galeón capturado, recorrió con la mirada el puerto fluvial y los edificios colindantes. El muelle bullía con el trasiego de los estibadores y el ajetreo de los comercios vecinos. El olor penetrante de la cercana lonja de pescado se entremezclaba con el aroma del pan horneándose en alguna tahona cercana. Le habían dicho que aquélla era una tierra de herejes; pero los campanarios de las iglesias tañían casi como lo habrían hecho en España, dando a la escena un aire curiosamente familiar. Londres era una ciudad enemiga; pero, a pesar suyo, casi comenzaba a gustarle.

   -Todo esto me parece un sueño extraño, maese Diego -comentó a su veterano compañero de patrulla, después de cerciorarse de estar a salvo de oídos indiscretos. Se santiguó al añadir-: Que se pueda viajar en el t... ejem, ya sabéis... parece cosa de brujería.
   La mirada de “Diego Alatriste“ registró desconfiadamente la cubierta, pero no había peligro: a aquella hora estaba desierta. Los corsarios aún estaban abajo, supervisando el aprovisionamiento en las sentinas, y vigilando cualquier movimiento sospechoso entre comerciantes y prisioneros. Rezó para que Julián y Amelia estuviesen siendo lo bastante discretos en su cometido; de momento, no podía hacer nada por ayudarles.
   -A decir verdad, yo todavía me persigno al cruzar esas puertas -confesó, con una mirada de aprensión-. A veces no tengo claro si son obra del Demonio. A mí me salvaron la vida, pero a mi compañero...
   El muchacho le miró con sorpresa:
   -¿El Ministerio os salvó la vida? ¿cómo? -se interesó. Le agradaba hablar con “Alatriste“; no podía explicar por qué, pero había algo en él que le resultaba casi... familiar-.  ¿Y de qué época sois? En Lisboa pensé que erais de la mía, pero sabiendo ahora de cuándo vienen Amelia y Julián...
   Su cabeza era un mar de dudas y confusión. Su breve viaje a lo que, según Gil Pérez, era el futuro, había sido... desconcertante. Hombres y mujeres ataviados de formas distintas y desconocidas. ¡Por Dios, si hasta había visto en los pasillos individuos que parecían diablos vestidos de negro, y con cadenas colgando...!
   -Me reclutaron en 1569 -contestó el veterano al fin, después de un largo instante de duda-. El Ministerio me salvó de una muerte injusta, pero a cambio me exigió el mayor de los secretos. Estoy muerto para todos, sin excepción. Mi antigua vida quedó atrás.
   -Pero... ¿también para vuestra familia? -se inquietó el joven. La torva mirada de su compañero le hizo lamentar sus palabras-. Perdonadme: no contestéis si no queréis. Es sólo que me sorprende vuestra entereza.
   “Diego“ empezaba a notar un nudo en la garganta, y se le estaba haciendo más molesto a cada nueva pregunta. Además, temía descubrirse de un momento a otro: mentir no era su especialidad.
   -Me gustaría, pero no puedo contestar -su voz sonaba extraña, un poco forzada-. Me exigieron silencio. Son las órdenes.
   Carraspeó y apartó la vista para disimular una punzada de tristeza. Diantre, él nunca había sido tan dado a blandenguerías; tal vez se le estaba contagiando algo de aquel loco de Julián....
   -Pero mis compañeros son ahora mi familia -añadió el veterano, recuperando la compostura-. Y eso ahora os incluye: me alegro de trabajar con vos. Parecéis hombre de honor.

   El muchacho sonrió, demasiado halagado para encontrar palabras. La gravedad de su compañero le había llenado de curiosidad, pero no quiso presionarle más. Estaba a punto de cambiar de tema, cuando sucedió algo que hizo que los sentidos de ambos españoles se pusieran alerta: un funcionario inglés, escoltado por dos soldados de Drake, estaba subiendo a bordo.
   Su presencia, por sí sola, no era alarmante; podía ser un simple portador de órdenes. Pero los dos Alonsos contuvieron la respiración cuando, en vez de reunirse en la sentina con los demás oficiales del barco, le vieron encaminarse al castillo de popa. Sólo había un despacho allí atrás, pero era el más importante de todo el galeón:
   El camarote de Gil Pérez.

* * * * * * * * * *

   El científico favorito de Isabel I de Inglaterra cerró su manuscrito y miró fijamente a Julián:
   -Repetid eso -ordenó bruscamente, en un español bastante tosco.
   Amelia fulminó a su compañero con la mirada: ¿cómo había podido traicionar su nacionalidad tan tontamente, precisamente ante un enemigo?
   El enfermero también se estaba reprochando a sí mismo el desliz que acababa de cometer; pero tenía una corazonada. Había algo... diferente, en la mirada de aquel inglés.
   "Demonios, qué más da" se dijo con resignación. "Ya la he cagado con el idioma, de todos modos".
   Julián miró con cautela a su interlocutor y repitió el nombre del documento que tenía ante sí:
   -Creo que... no estoy muy seguro, pero... puede ser el Manuscrito Voynich.
   La situación era demasiado extraña: no sabía qué esperar. Pero, aun así, la respuesta de John Dee fue exactamente la última que se le habría ocurrido:
   -¡Faltan siglos para que reciba ese nombre!
   Amelia y Julián cruzaron una mirada de asombro: ¿aquel enemigo hablaba como si también fuese un viajero del Tiempo?

* * * * * * * * * *

   - Julián y Amelia acaban de entrar allí -urgió el veterano Alonso de Entrerríos, en un susurro ronco-, ¡hemos de hacer algo!
   - Ese camarote no tiene más salida que la que vemos desde aquí -le detuvo su hijo, desalentado-. Conozco bien este barco. Es imposible ayudarles sin delatarnos ante los ingleses.
   El mayor de los dos hombres echó una rabiosa mirada a los corsarios que escoltaban al personaje. Después de varios días planificando aquella tapadera, se había ganado su confianza. Podría actuar sin obstáculos, al menos al principio. Para cuando le descubrieran, con un poco de suerte...
   -Tendré que arriesgarme -fue la temeraria respuesta-. No puedo abandonar así a mi patrulla.
   -Y después, ¿qué? -le desafió el joven, haciendo auténticos esfuerzos por no levantar la voz-. ¿Huimos con vuestros dos compañeros? ¿Dejando abandonados a los míos? -Alonso clavó en su padre una mirada tan ardiente como angustiada-. No podríamos volver a infiltrarnos, y os recuerdo que tengo veinte camaradas en peligro de muerte ahí abajo. Algunos de esos valientes incluso quieren acompañarme al Tercio: ¿creéis que valen menos que Julián y Amelia?
   La fiera expresión del veterano se llenó, poco a poco, de pesadumbre. De cordura. De desaliento.
   -Tenéis razón -admitió con rabia-. No podemos delatarnos los dos. Yo lo haré.
   -¿Habéis perdido el juicio, Diego? No voy a quedarme aquí mientras...
   -Debéis aguardar -”Diego Alatriste“ dirigió una mirada grave a su hijo al añadir-: no os arriesguéis. Porque si no regreso, todo dependerá de vos.
   El “soldado viejo“ siguió a los tres ingleses con sigilo y les dio tiempo para entrar en el camarote; allí dentro le resultaría más fácil atacarles sin alertar al resto de la tripulación. Pero, al espiar el interior, encontró una escena bastante diferente a la que había imaginado.

* * * * * * * * * *

   La carcajada de entusiasmo del ilustre inglés sobresaltó tanto a los ocupantes del camarote como al soldado del Ministerio que les acechaba:
   -¡Lo sabía: no soy el único! ¿Sueños premonitorios? ¿Scrying? -apaciguó a sus escoltas con un gesto, antes de añadir cortésmente-: Disculpad: John Dee. Astrólogo y antiguo tutor de Su Majestad, Isabel I de Inglaterra.
   Julián clavó en él una mirada llena de recuerdos y pesadillas amargas: Lorca. Maite. Goya.
   -¿Cómo sabéis lo de los sueños? -replicó con acritud.
   Amelia se hizo cargo fríamente de la situación: sabía unas cuantas cosas sobre Dee. Todo encajaba. Sólo había que tener la inteligencia suficiente para jugar bien sus cartas.
   -Disculpad a mi hermano Julián: le sucede desde niño -improvisó, eligiendo cuidadosamente sus palabras-. Sueña cosas que parecen de brujería. Por eso estamos huyendo de la Inquisición española. Mi nombre es Amelia Folch. Creímos que estaríamos a salvo en Inglaterra, pero... -la joven dirigió una mirada nerviosa a la escolta de Dee y fingió temblar de miedo; a veces sabía usar armas de mujer.
   -Por supuesto; no temáis -la reconfortó el matemático, tomando la mano de la hermosa muchacha e indicando con la mirada el manuscrito-. Veo que él y yo somos estudiosos de temas parecidos. Yo también sé lo que es la persecución en nombre de la Ciencia: cuando Inglaterra era católica, tuve que huir a Flandes y a Bohemia. Pero ahora estaréis a salvo aquí. Eso sí: a cambio, necesitaré pediros un favor...
   -¡Gracias, señor! ¿Cómo podemos agradecéroslo? -la seductora candidez de su pestañeo hizo que Julián tuviera que contener la risa-. Me cuesta creer que al fin hayamos encontrado un lugar donde vivir en paz. Por cierto, ¿qué es el scrying?

* * * * * * * * * *

(Pudding Lane, zona portuaria de Londres)

   -Amelia, yo te mato. ¡Te mato! -rezongó Julián por enésima vez.
   -Vamos, hombre, no te lo tomes así. Era una buena ocasión y tuve que aprovecharla -rió ella, intentando disimular la aprensión que le producía aquel barrio.

   En las cercanías del puerto fluvial, las calles eran especialmente estrechas y pestilentes. Si no hubiera sido por los tres hombres que la acompañaban, la joven quizá se habría negado a adentrarse en aquel lóbrego laberinto. Sin embargo, el gentío no parecía compartir su opinión: las callejuelas estaban llenas de comerciantes que exhibían sus mercancías a las puertas de sus negocios, clientes interesados en ellas, carretas, barriles y, por supuesto, unas cuantas tabernas. El puerto surtía de vida aquella zona. Si algo faltaba allí, sólo era una cosa: espacio para moverse.

   -Sí, pero ¿por qué yo? -volvió a protestar el enfermero, recordando a duras penas bajar el tono de su voz; no se encontraban precisamente a solas-. Ya sé que a tu gente le gusta mucho este tipo de espectáculos, pero es al revés: el mago presenta el número, y su guapa ayudante hace de médium...
   -Pues ya sabes: ponte guapo, que tenemos una cita en Palacio -se burló Amelia. A pesar de lo lóbregos que resultaban los barrios bajos, estaba disfrutando de lo lindo-. Tú has sido el que se ha puesto a hablar de sueños premonitorios, así que ahora no puedes rechazar la invitación de John Dee. Ah, y no vayas a decir que eres “médium“: aquí se os llama “scryers“.
   -En Palacio; ¿no será una trampa? -rezongó Entrerríos hijo, con un deje de desconfianza en su voz.
   El padre del joven asintió, apretando el paso: su mirada experta no paraba de registrar furtivamente la ruta, cerciorándose de que nadie les estuviera siguiendo.
   -Mal sitio. Y ya tenemos bastante con un funcionario en la Torre de Londres -gruñó el veterano-. Andad con mil ojos y, ante todo, procurad no llamar la atención.
   La expresión de Julián recuperó su habitual socarronería al escucharle:
   -Mira, es curioso que te pongas tan discreto ahora -respondió maliciosamente-. Porque precisamente tú, en la primera posada de nuestra primera misión...
   -¿Qué insinuáis? -se enfureció el enorme soldado, encarándose con él.
   -No insinúo: afirmo -replicó el otro sin arredrarse. No quería admitirlo; pero, en el fondo, estaba descargando en su compañero el enfado que tenía contra Amelia-. Sólo te faltó enseñarle unas luces de neón a los franceses. ¿Y ahora te pones a dar consejos?
   Amelia y el hijo de Alonso cruzaron una mirada resignada y movieron la cabeza, con idéntico fastidio. A veces, aquellos dos hombres podían llegar a ser infantilmente cabezotas: a la jefa del grupo le costaba asumir que casi la doblaran en edad.
   -La pregunta no es ésa -desvió el tema el joven, para alivio de la mujer-. ¿Cómo os habéis ganado la confianza de ese inglés con tanta rapidez? Parece cosa de magia.
   -En cierto modo, lo es -sonrió Julián misteriosamente-. El Manuscrito Voynich.
   -¿Ahora te las das de experto en libros antiguos? -se exasperó Amelia-. Explícanos ya lo que dice, por favor.
   -Ahí está lo raro: no se sabe -explicó él, complacido por superarla en conocimientos, por una vez-. Nadie conoce el alfabeto ni el idioma. Dentro de varios siglos, un tal Voynich pedirá ayuda públicamente, porque no hay quien lo descifre. Ni siquiera en mi tiempo. Medio mundo cree que es un gran misterio... y la otra mitad piensa que es la mayor burla de la Historia. En Internet está causando sensación.
   -Más bien por el segundo motivo, conociendo la seriedad de vuestra gente -se mofó Entrerríos padre, todavía molesto.
   -Pues mira, eso nos ha salvado hoy con Dee -respondió Julián agriamente-. Por las ilustraciones, parece un libro de magia, así que nos ha tomado por brujos. Perseguidos por “tu gente“, la amable Inquisición española. Y eso nos hace amigos de los ingleses.
   -¿Qué problema tenéis con mi gente? -se indignó el ex-soldado del Tercio.
   -¡Basta ya! -estalló Amelia, en un tono cortante que sobresaltó al joven Alonso; no estaba acostumbrado a una mujer con dotes de mando-. Estamos llegando. Al... “Alatriste“, ¿lo tienes?
   El interpelado asintió hoscamente y sacó de su faltriquera un par de tablillas de arcilla: el molde que había tomado, a escondidas, en el barco.
   -Ha sido fácil. Esos ingenuos han dejado las llaves a nuestra vista varios días, tentándonos para que intentásemos robarlas. Pero no hemos caído en la trampa, así que han acabado por confiarse y dejar de vigilarlas. ¿Me ayudaréis con el idioma, Alonso?
   El joven asintió y se dirigió con su padre hacia el edificio que habían venido a buscar. Diversas herramientas, armas y llaves colgaban a las puertas del establecimiento. La herrería era, como todo en aquel barrio, estrecha: ni siquiera cabían bien los cuatro a la vez

   Julián decidió aguardar fuera con Amelia; cualquier cosa sería mejor que apretujarse allí dentro con “Alatriste“. Aunque tampoco podía decirse que el maloliente exterior fuese agradable. El pasado podía resultarle fascinante por muchos motivos, reflexionó; pero no por la higiene de las calles.
   -No me extraña que la Historia esté llena de plagas -observó el enfermero, señalando los abundantes charcos de aspecto sospechoso-. Yo creía que ya se había inventado el alcantarillado, pero...
    -Aquí habrá incluso Peste Negra -asintió Amelia, en voz muy baja-. Hasta que el Gran Incendio obligue a sanear Londres, dentro de ochenta años.
   -Have a penny, please? -les sobresaltó una voz desagradable, desde las sombras.
  Las palabras del desconocido eran aparentemente corteses, pero no el tono que utilizaba. Se escucharon unos pasos; la escasa luz del callejón mostró a un hombre de muy mala catadura. El intruso, con una sonrisa amenazadora, apartó su capa para exhibir el pomo de la espada que pendía de su cinturón.
   -Of course, sir -respondió Julián con el tono más apaciguador que fue capaz de fingir. Llevaba dos bolsas de dinero: sólo mostró la más vacía de las dos-. We want no trouble...
   -Thou art a really kind man -intervino un segundo rufián, materializándose desde las sombras. Señaló a la mujer con una sonrisa sucia y lasciva-. Will the lady be kind to us, as well?
   Aquello era demasiado. Julián empezó a temblar, no sabía si de miedo o de furia, interponiéndose entre su compañera y aquellos tipos. Amelia no necesitó traducción para ocultarse tras él y rebuscar disimuladamente algo entre sus ropas.
   -Step aside! -ordenó el bandido más cercano, con la cara a sólo unos centímetros de la del enfermero.
   Julián dio un paso atrás, como si fuera a obedecerle... pero sólo para coger impulso y propinarle un traicionero cabezazo en pleno tabique nasal. Al rufián se le nubló la vista mientras dos lagrimones brotaban de forma totalmente ajena a su voluntad. Ni siquiera se dio cuenta de que su presunta víctima le estaba despojando de la espada, por si las moscas.
   El otro asaltante desenvainó su propio acero y avanzó amenazadoramente hacia la pareja. El enfermero ya no tenía tiempo de desenfundar su revólver; apenas consiguió reaccionar lo suficiente para interponer la espada robada entre su cuerpo y el de su contrincante. No tenía ni idea de esgrima, pero...
   Para su sorpresa, el bandido abrió de pronto los ojos desmesuradamente y gritó de horror. Julián miró su propia (y temblorosa) espada con asombro, mientras el desconocido huía como alma que lleva el diablo, seguido de cerca por su aturdido compañero de fechorías; ambos imploraban a gritos misericordia.
   -¿Pero qué coj...?
   Unas sonoras carcajadas a su espalda le sobresaltaron, aclarando sus dudas. El enorme veterano del Tercio y su hijo habían regresado, y esgrimían sus armas con aire experto. Aquella estampa era suficiente para poner en fuga a cualquier ladronzuelo de los bajos fondos, desde luego. Los dos españoles se lanzaron en persecución de los rufianes con entusiasmo.
   -¡No os entretengáis mucho! -ordenó Amelia, divertida -. Y tú, ¿qué pensabas hacer con eso, Julián?
   -Eh, yo... -el enfermero pareció ofendido por un momento; luego soltó la espada del bandido en uno de los charcos de inmundicia y acabó por reír nerviosamente-... ¡yo qué sé!
   Su risa acabó por contagiar a la muchacha; ambos descargaron la tensión en forma de carcajadas.
   -Bueno, al menos así me has dado tiempo para preparar el revólver -Amelia volvió a guardar entre sus ropas el arma, que había sacado al parapetarse tras su compañero-. Me alegro de no haber tenido que usarlo; es demasiado ruidoso. Olvidé poner el silenciador. ¿En marcha?
   -Eh... sí, claro.
   Al final del oscuro callejón se intuía el final de la pelea: padre e hijo habían derribado a ambos rufianes y les estaban quitando las ganas de pendencias por un tiempo. Hacía mucho que no disfrutaban de un poco de acción; quizá por eso sonreían con aquella ferocidad capaz de poner los pelos de punta incluso a sus propios compañeros.
   -Vamos, chicos; tenemos trabajo -les recordó Amelia tranquilamente al pasar junto a ellos-. Dejad algo para los alguaciles.
   -¿Alguaciles? -sonrió Julián con sarcasmo-. Si por los alguaciles fuera, estaríamos apañados.

   La patrulla alcanzó una zona más despejada sin ningún otro contratiempo. Habían llegado a su destino: uno de los puentes que cruzaban el Támesis.
   -Bueno, aquí nos separamos -decidió la jefa del grupo-. Julián, ¿tienes el artilugio ése de hablar?
   -Sí, claro -el enfermero le mostró el teléfono móvil, que brilló como vidrio negro con las últimas luces de la tarde-. A tope de batería, porque desde Flandes no he vuelto a encenderlo. Aquí no tiene cobertura para llamadas, pero sí puede grabar voces. Y hacerlas sonar después.
   -Asegúrate de que funcione el tiempo suficiente para engañar a Dee -Amelia le miró con cierta malicia al añadir-: y ahora métete en el papel, porque vas a tener que hacer más teatro que en Salamanca. Hoy seremos magos.
   Julián asintió de mala gana. La joven se volvió hacia los dos Alonsos; súbitamente, su expresión estaba llena de gravedad.
   -Vosotros dos, quedáis al cargo de las llaves. ¿Cuándo estarán listas las copias?
   -El herrero dice que tardará una semana -contestó el joven.
   -Bien; lo dejo a vuestro cargo. Si en ese tiempo no habéis tenido noticias nuestras... -su mirada mostraba más preocupación que la que se atrevía a confesar-... no nos esperéis. La misión es lo primero. Ya sabéis lo que hay que hacer.
   El joven Alonso contempló pensativamente la marcha de Amelia y Julián, hasta que éstos se hubieron perdido de vista en la zona señorial de la orilla opuesta. Después siguió a su compañero de armas de regreso al barco, meneando la cabeza con inquietud: no las tenía todas consigo.
   -Palacio, magia, espíritus... -masculló, incrédulo-. Maese Diego, ¿todos los planes que traza esta mujer son siempre así de extraños?
   -No creáis; el más loco de los dos suele ser Julián -bromeó hoscamente su compañero-. Pero no tengáis cuidado; lo harán bien. Esos dos serían capaces de engañar al mismísimo Diablo.

* * * * * * * * * *

(Palacio de Westminster, laboratorio alquímico)

   -Es necesario -insistió John Dee.
   Julián miró con recelo el brebaje. Las estanterías estaban repletas de libros, matraces y recipientes de cerámica y de cristal, la mayoría de los cuales exhibía plantas exóticas desecadas. Sus dedos recorrieron aprensivamente algunos de los frascos, mientras intentaba obligarse a pensar a toda velocidad. Estaba tan nervioso como sorprendido: aquel hombre había montado en pleno Palacio Real una mezcla de biblioteca, laboratorio moderno y mazmorra de alquimista.
   -Al menos, no contendrá ninguna de estas dos plantas de aquí -señaló con desconfianza-, ¿verdad?
   -¡Son los ingredientes principales! -se ofendió el espiritista inglés.
   -Disculpad a mi hermano, por favor -intervino Amelia nerviosamente-. Él sólo conoce estos temas a través de simples sueños. No sabe nada de estos rituales y...
  -Al contrario; sé perfectamente lo que es -replicó Julián, empeorando todavía más las cosas-. Soy médico. No puedo tomar la misma dosis que vos: no estoy habituado. Podría matarme.
   John Dee comenzó a mirarle con aire de sospecha:
   -Lo comprendo. Pero lamento decir que me decepcionáis. Esperaba vuestra ayuda, a cambio de mi protección.
   Los sentidos de Amelia se pusieron en alerta máxima. Aquello podía estropear toda la operación.
   -¿Nos concedéis un minuto, por favor?

   El inglés asintió, mientras la mujer sacaba del laboratorio a su "hermano“ prácticamente a rastras. Amelia esperó a que una figura lejana (una mujer con el rostro cubierto por un velo negro) desapareciera por el extremo opuesto del pasillo; después arrinconó a su subordinado contra una pared, urgiéndole en un nervioso susurro:

   -¡Tienes que ganarte su confianza! ¡Como sea!
   -Amelia, ese brebaje contiene más de cuarenta plantas tóxicas. Opio y cáñamo, entre ellas.
   -¿Qué más da? Shakespeare fumaba cáñamo cuando necesitaba renovar las ideas. En mi época, muchos artistas usan láudano para estimular su imaginación.
   -¿Estimular? -Julián la miró escandalizado-. ¿No lo sabes?
   La gravedad de su expresión parecía sincera, comprendió Amelia. Tal vez valiera la pena informarse un poco más:
   -Está bien -inquirió, con un suspiro de resignación-. ¿De qué se trata?
   -Plantas alucinógenas -el enfermero se preguntó cómo podría resumir un siglo de drogas psicotrópicas en el escaso minuto del que disponían-. Provocan una... borrachera; pero de las peores. Pérdida de control. Confesiones, delirios del subconsciente... Amelia, si tomo eso, no sé qué le voy a decir. Podría contarle precisamente lo que tenemos que ocultar.
   -Y si no lo tomas, se dará cuenta de que tienes algo que ocultar -la mujer bajó la vista, desalentada-. Se nos cerrarán las puertas. No sé qué otra cosa hacer.

   El enfermero lo comprendía; pero todos sus instintos le impulsaban a negarse. Había visto lo que las drogas le habían hecho a algunos conocidos de su barrio, desde finales de los 80. Tipos fuertes, brillantes, bravucones, reducidos a una ruina capaz de cualquier indignidad por un par de papelinas. Como enfermero, había tenido que tratar sus efectos, a corto y largo plazo. Sabía todo lo que podía suceder.
   Pero si no lo hacía, la Reina ejecutaría a un compañero suyo, encerrado en la Torre de Londres. Y tras él, a toda la tripulación del galeón español capturado.
   Julián meditó largamente la idea que llevaba un rato maquinando. No le gustaba en absoluto, pero...

   -Hay una manera -se obligó a decir, muy en contra de su voluntad. Mostró un frasco que acababa de sustraer del laboratorio y apuró el contenido de un trago-. Es un aceite; dificultará la absorción a través de la mucosa gástrica y retrasará el efecto.
   La mirada de su joven superior se iluminó.
   -¡Lo sabía! -exclamó, entusiasmada-. Y pensar que no eres médico... ¡siempre encuentras alguna solución!
  Él la miró con gravedad. Estaba confiando mucho en ella. Quizá demasiado.
   -Sólo funcionará media hora. Amelia... después de ese tiempo, no voy a saber ni con quién hablo. Le podría cantar hasta el listín entero de las Puertas. Me tendrás que sacar de ahí tú sola, como sea. ¿Entiendes?
   Ella le miró comprensivamente y asintió.
   -No te fallaré.
   El miedo brillaba en los ojos del hombre, con una extraña intensidad. Estaba mucho más asustado que en el callejón.
   -Vamos -Julián puso a punto el teléfono móvil y regresó al laboratorio-. El tiempo ya ha empezado a correr.
   Ella se demoró sólo un instante: ¿había visto moverse una de las sombras?
   -Juraría que eso no estaba ahí hace un momento... -había un objeto en el suelo, no muy lejos del extremo del corredor. Amelia lo tomó y miró en ambas direcciones, pero no consiguió distinguir a nadie.
   Y sin embargo, le había parecido ver...
   Una llamada de Dee la hizo regresar al laboratorio. Pero parte de su mente siguió fuera, pensando en aquel pasillo, durante un tiempo.
   Estaba segura de que una de las sombras era más densa que las demás; como si hubiera alguien espiándoles. No pudo evitar recordar fugazmente a la misteriosa mujer del velo negro.

* * * * * * * * * *

(Torre de Londres, celda de Gil Pérez. Finales de Marzo de 1589)

   -Habéis agotado nuestra paciencia, maese Gil.
   -Lamento sinceramente no haber podido resultar de ayuda, Sir Drake -sonrió afablemente el anciano-. ¿Puedo preguntar qué planes tenéis para mí?
   -Devolveros a vuestro barco.
   Algo en la retorcida sonrisa de aquel rufián parecía indicar que, a pesar de las apariencias, aquello no era una buena noticia.
   -Qué gentil por vuestra parte -respondió el anciano, indicando a su interlocutor un sillón libre, junto al suyo-. ¿Con algún propósito en especial?
   -Sí, por descontado -Drake agradeció el gesto con un burlón ademán de cortesía y tomó asiento-: para daros una última oportunidad de hablar.
   -Me temo que será una pérdida de tiempo -repuso el funcionario español con sencillez-. Tengo tan poca información interesante como cuando me sacasteis de mi nave.
   La sonrisa cruel se hizo más amplia:
   -En tal caso... no volveréis a abandonar vuestro galeón jamás.
   A Gil Pérez le dio un vuelco el corazón. No porque fuera inesperado, hubo de admitir para sí mismo; pero siempre es impresionante conocer el momento exacto. Cuándo llegará la hora. Y por todos los indicios, era precisamente lo que estaban a punto de anunciarle.
   -¿Y la tripulación? -preguntó, intentando mantener la serenidad-. Ellos no han cometido delito alguno. Sólo seguían órdenes, y sin pedir siquiera explicaciones.
   -Seguirán vuestro mismo destino -fue la despiadada respuesta-. Ya no les necesitaremos.
   -¿No puedo interceder por ellos?
   -Sólo si confesáis de una maldita vez.
   A Gil Pérez le costó unos interminables segundos asumir aquella información. Se estaba convirtiendo poco menos que en el detonante de la muerte de lo que quedaba de su tripulación. El resto ya había perecido en la captura del galeón. Demasiadas muertes de un plumazo. Y él era el responsable de aquella nave...
   -¿Cuándo? -fue todo lo que consiguió decir.
   -Dentro de dos días. Cuando brille la tercera Luna del Traidor. A Su Majestad le ha parecido una fecha muy... poética.
   -¿Del Traidor? -se interesó el condenado. Los detalles técnicos siempre le ayudaban a distraerse de las malas noticias. O a digerirlas con más calma, al menos.
   -También la llaman Luna Azul. Dos lunas llenas dentro del mismo mes -el corsario era un auténtico experto en geografía y astronomía, al menos en lo relacionado con la navegación; y parecía realmente complacido por hallar una ocasión para ufanarse de sus conocimientos-. Sucede una vez cada tres o siete años; pero es mucho más difícil que haya dos Lunas Azules seguidas. Y este año debe estar a punto de suceder algo especial, porque vamos a tener tres. Una ocasión única en más de un siglo.
   -Un simple fenómeno natural -se burló el español-. Los marinos sois demasiado dados a supersticiones...
   La sonrisa presuntuosa de Drake se frunció hasta convertirse en una mueca de disgusto:
   -A vos no os va a traer buena suerte, creedme -se levantó y se dirigió hacia la salida, dando por terminada la conversación-. No vamos a esperar más; vuestra captura ya ha retrasado mi Armada seis semanas más de lo previsto. Os quedan dos días. ¿Lo habéis entendido?
   Gil Pérez asintió en silencio y aguardó a que Drake abandonara la lujosa celda. Estaba angustiado por la terrible noticia; pero, por extraño que pudiera parecer, no era la única idea que ocupaba su mente. Había algo más. Un detalle que no lograba comprender:
   "¿Yo he retrasado su Armada? Pero si estoy preso aquí desde Febrero... ¿de qué está hablando?“
   Un sonido ominoso interrumpió sus reflexiones: los mecanismos de las cerraduras, volviendo a sellar las puertas de su celda. Tan selladas como su destino.
   -En fin, yo soy viejo: ya he tenido mi tiempo -reflexionó resignadamente-. Pero lo siento por vosotros, compañeros. Lo siento.


* * * * * * * * * *

(Palacio de Westminster, laboratorio alquímico. Febrero de 1589)

   -Extraño espejo, a fe mía -reflexionó Dee, examinando el teléfono móvil-. La factura es diferente, pero el material parece...
   -Obsidiana negra, igual que el vuestro -mintió Julián, previamente aleccionado por Amelia: habían estado preparando el plan toda la tarde-. Lo trajo nuestro padre al regresar de las Américas. Fue el mismo día que comenzaron mis sueños.
   El astrólogo le miró fijamente:
   -¿Creéis que hay alguna relación?
   -¿Debería haberla? -insinuó la mujer, encantada de haberle hecho morder el anzuelo tan rápidamente. Según los libros de Historia, Dee siempre resultó ser, para su tema favorito (y para su desgracia), excesivamente crédulo.
   -¡Todo encaja! -se entusiasmó el inglés-. Es posible que la magia azteca os haya convertido en un "scryer“. ¡Por eso soñáis con los espíritus! Decidme, ¿notáis ya el efecto de la pócima?
   -Sí -Julián comenzó a hablar con una pronunciación intencionadamente defectuosa-. Me siento muy extraño. Oigo voces. ¿Vos también?
   -No debería; normalmente sólo las percibe el "scryer“... -John Dee se interrumpió, asombrado; él también notaba sonidos procedentes del "espejo“ de su interlocutor-. ¿Por qué lo oigo yo también?
   -Habeis reunido dos espejos volcánicos en este lugar -contestaron al mismo tiempo Julián y las voces que él mismo había grabado con Amelia, unas horas antes, en el teléfono móvil; ella rezó para que su compañero consiguiera guiar el resto de la conversación con el mismo éxito hacia las demás frases previstas-. Esto ha abierto más que nunca la conexión con los espíritus subterráneos. Ni siquiera el idioma será una barrera esta vez.
   Dee contuvo una exclamación de asombro; Amelia decidió aprovechar la ocasión para hacer la siguiente pregunta convenida. Había un dato sobre la mujer de Dee que había pasado a la Historia:
   -¿Con quién estamos hablando?
   -Soy el ángel Uriel -fue la respuesta de su compañero y de la grabación-. John Dee, hicimos un pacto. Aún reclamo a vuestra esposa.
   El astrólogo palideció. Miró a Amelia y Julián con repentino respeto:
   -Veo que decíais la verdad; nadie conoce ese trato, excepto ella, Edward y yo. Ni lo conocerá jamás; no hasta que se publiquen mis diarios. Lo cual no sucederá mientras yo viva.
   -Ese pacto sigue vigente -continuó la grabación.
   -No puede ser -protestó Dee-: ¡rompí mi relación con aquel "scryer"! El trato sólo era válido mientras él estuviera con nosotros. ¿Recordáis?
   -Os daré otra oportunidad -continuaron las voces-. Drake está reuniendo una gran Armada: no la dejéis zarpar hasta que se resuelva el asunto de la Puerta del Tiempo.
   -Informaré a su Majestad. ¿Qué explicación le debo dar?
  Amelia estaba encantada: la pregunta era tan lógica que la respuesta pregrabada serviría a la perfección. Pero, para su sorpresa, su cómplice no activó la grabación.
   -Julián -la joven examinó a su compañero con inquietud; a éste se le había enturbiado la vista, y comenzaba a sudar profusamente. La droga estaba haciendo efecto más rápidamente de lo previsto-. Concéntrate. Adelante, vamos...
  El enfermero se sobresaltó, algo mareado, y reaccionó al fin:
   -El anciano no hablará en la Torre: no es el verdadero mago -prosiguieron las "voces de Uriel“-. Es un "scryer": sólo puede hablar en nombre de otros. Y lo hará, si le lleváis hasta su Puerta en mi presencia. Yo, Uriel, le haré confesar.
   Amelia contuvo la respiración. La primera fase de su plan dependía de que aquella mentira funcionase. Era una locura; pero no se le había ocurrido otra forma de sacar a Gil Pérez de la Torre de Londres.
   -No será fácil conseguir que Su Majestad autorice el traslado -reflexionó Dee, contrariado-. Pero supongo que no pierdo nada con intentar pedírselo.
   Amelia suspiró, aliviada. Tomó el móvil de manos de Julián y le sonrió: había cumplido su objetivo. Pero la mirada extraviada de su compañero no le correspondió: parecía perderse en el otro espejo de obsidiana. El verdadero: el que solían usar John Dee y Edward Kelley, cuando aún trabajaban juntos, para sus sesiones de espiritismo:
   - "Ewn gath synne...“ -musitó el agente del Ministerio, con la frente perlada de sudor frío.
   Amelia le sacudió con suavidad.
   -¿Qué estás diciendo...?
   -Anotadlo, por favor -urgió el astrólogo, tomando con premura un libro de su estantería-. Aunque sólo sea la pronunciación aproximada. ¡No perdáis detalle!
   Ella obedeció, confundida. Un vistazo al título del libro le bastó para comprender lo que Dee estaba pensando.
   -"Ewn gath synne rith nach gaard“ -continuó su compañero; sus ojos vidriosos no se apartaban de la pulida piedra volcánica.
   -¡Está hablando en enoquiano! - comprobó Dee, maravillado, tras consultar el libro.
   -No puede ser -protestó Amelia, incrédula, mientras su compañero pronunciaba algunas frases más-. ¡Ni él ni yo conocemos esa lengua!
   -"Puertas al pasado. Un conspirador entre nosotros“ -tradujo el alquimista-. "No, varios. Y se desenmascararán en la tercera Luna del Traidor“.
   Amelia se puso alerta. Aquello podía delatarles. No comprendía cómo demonios podía estar relacionado todo aquello con el idioma, pero...
   -Are gopsum aktius derth, Dakeph.
   -¡Julián! ¡Despierta!
   -¡No, por favor, no le interrumpáis! -rogó el inglés, entusiasmado-. "Y con la luna de sangre llegará la caída del Dragón“.
   El enfermero no tuvo ocasión de decir nada más; Amelia, fingiendo enjugarle el sudor del rostro, puso ante su nariz un pañuelo empapado en cloroformo. Tuvo que sostenerle: el hombre cayó inconsciente casi al instante.
   "Espero haber hecho bien“ se inquietó la joven; "no sé si es peligroso mezclar cloroformo con lo que ya ha bebido. Pero como siga hablando de puertas y traición, estamos muertos“.
   Dee cerró el libro, contrariado, y tomó otro frasco de la estantería.
   -Disculpadme: teníais razón. No está habituado a una dosis tan alta. Le daré un antídoto. Pero... -su mirada reflejó entusiasmo otra vez- ¡lo hemos conseguido! No había vuelto a tener un "scryer“ tan válido desde Kelley. Ahora sí que es vital hablar con Su Majestad sobre el prisionero de la Torre.
   Ella sonrió mecánicamente y le ayudó a atender a su inconsciente compañero. Debería alegrarse por el éxito de la primera fase de su plan, que Julián había bautizado jocosamente como "operación Torre de Londres“ pocas horas antes. Pero estaba demasiado preocupada. Ella, su superior, su responsable, había estado a punto de matarle.
   Sólo varias horas después, cuando el enfermo estuvo fuera de peligro, se sorprendió a sí misma meditando sobre el significado de la última profecía.
   Amelia Folch no creía en seres sobrenaturales; pero sabía algo sobre las Puertas del Tiempo. Había conocido a gente capaz de atravesarlas en sueños, como Lorca. De ver el pasado y el futuro.
   Se preguntó si le acababa de suceder lo mismo a Julián.
   Y si el dragón de sus delirios podría tener alguna relación con Sir Francis Drake.

(CONTINUARÁ...)

Prólogo Cap.I | Cap.II | Cap.III | Cap.IV | Cap.V | Cap.VI    












30 octubre 2015

¡Arriba el telón! 7 críticas (y van 30) y una entrevista

Como el anterior recopilatorio de mis críticas en la web teatral EnPlatea.com incluía un extra de Festival Grec, en este reduzco para compensar y os incluyo las siete siguientes, redondeando para un total de 30 (aquí las 10 primeras, y aquí las 13 siguientes). Un poco de humor, algo de drama, enredos de pareja, algunas visiones al futuro que ya llega... Y una entrevista, para recuperar buenas costumbres.

¡Arriba el telón!

24. La vie en rouge: "Lo más hermoso que te puede pasar... en Centelles" (17 de septiembre)
25. Els homes són de Mart i les dones de Venus: "Humor (un tanto tópico) sobre las diferencias de género" (23 de septiembre)
26. Escenas de la vida conyugal: "Bergman también es gracioso" (5 de octubre)
27. "Anna Roca adapta Momo para la escena familiar" (14 de octubre) + ENTREVISTA
28. iTime: "iPeyu" (16 de octubre)
29. "Nabucco vuelve al Liceo ocho años después" (20 de octubre)
30. La distància entre el llamp i el tro: "Rezando al tsunami de la destrucción" (27 de octubre)

Críticas 2015: 1 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42
Críticas 2016: 43 a 52 | 53 a 62

21 octubre 2015

Análisis de "The Girl who Died"

El título

En el principio, Doctor Who no tenía episodios autoconclusivos, sino que se agrupaban en seriales que duraban varias semanas. Desde 1963 hasta 1966 cada episodio tenía un título concreto, siendo el título genérico de cada aventura (el serial) algo más nebuloso: internamente la BBC le daba uno, la revista Radio Times a veces le daba uno distinto, y otra convención generalizada le daba al serial el título de su primer capítulo. Así, por ejemplo, "The Rescue" fue conocido durante años como "The Powerful Enemy" y el serial "The Daleks", "The Dead Planet". De manera que, aunque hoy pueda parecernos evidente que los Daleks saldrán en el serial "The Daleks", para los espectadores de la época era una sorpresa. Los artículos de Radio Times a veces la estropeaban, como en el caso del publicitado retorno de los monstruos de Skaro en "World's End", el primer capítulo del serial que hoy conocemos como "The Dalek Invasion of Earth". Spoilers, sweetheart! 

No obstante, la serie no era inmune a dispararse en su propio pie sin necesidad de ayuda periodística. desde "Inferno" ("The Romans", 1965) o "The Tomb of the Cybermen" (1967) hasta "The Android Invasion" (1975) o "Resurrection of the Daleks" (1984), hay historias que pierden el halo de misterio que el argumento pretende imbuirles, porque esencialmente el título ya te lo ha revelado. Y eso es justo lo que ha ocurrido esta semana con "The Girl Who Died" donde la chica, ¡oh sorpresa!, muere.

No es una crítica: es entonces cuando empiezan a pasarle cosas interesantes al personaje. Lo que quiero decir es que ya el título es una primera pista de que el episodio va a seguir derroteros clásicos: tan clásicos como que "The Girl Who Died"  (que también es un homenaje a "The Girl Who Waited", 2011), nos lleva directamente a la época del Primer Doctor. William Hartnell ya encontró un casco con cuernos en "The Time Meddler" (1965), aunque entonces tuvo la decencia de considerarlo normando. Es un capítulo "histórico", como buena parte de las aventuras de Hartnell. El Doctor se queda sin sónico (Hartnell no lo usó nunca en la serie) y alejado de la TARDIS, un clásico de la primera etapa. Sus reticencias a influir en el curso de la historia nos llevan hasta "The Aztecs" (1964). Y como Ian Chesterton (o el Doctor de Peter Cushing) en "The Daleks", aquí Capaldi tiene que enseñar a luchar a un pueblo que no ha cogido un arma en su vida. Ese momento que está sentado con la espada a modo de bastón es muy icónico del Primer Doctor.

Las consecuencias
Pero luego la cosa se complica. Que el plan del Doctor salga a la perfección a costa de la vida de un personaje es algo que ocurría en la serie clásica ("Earthshock", 1982; "Mindwarp", 1986), pero cuya consecuencia a duras penas se exploraba (un caso raro es "Resurrection of the Daleks", 1984). El retorno de la serie en 2005 ha traído un Doctor más consciente, con un "complejo de superviviente" importante, como lo definió la semana pasada Clara en "Before the flood", pero también un Doctor que se esfuerza por equilibrar la responsabilidad de ser un Señor del Tiempo ("no hay nada que no pueda hacer", dice en este episodio; antes Clara le había pedido que especificara las reglas) y el núcleo de lo que representa ser El Doctor. 

Lo primero nos lleva a las ondas y el tsunami que provocan los cambios en la Historia: el concepto está siendo explorado durante toda esta temporada de una manera profunda, en una suerte de conversación extendida a lo largo de los episodios. Surgió, podríamos decir, con la negativa del Primer Doctor a cambiar "ni una línea de la Historia" en "The Aztecs" (aunque según "The Reign of Terror", del mismo año, era imposible conseguirlo), y siguió con una muestra de las consecuencias en "Pyramids of Mars" (1975). No obstante en la serie clásica aquello eran rarezas: el momento más importante y que conecta directamente con estos episodios, se dio en 1988, en una insólita pausa filosófica dentro de una trama densa y activa: el guionista era Ben Aaronovitch, el serial, "Remembrance of the Daleks", y el Séptimo Doctor de Sylvester McCoy estaba hablando con un barman sobre la Historia y las ondas que alteraban su superficie.

En la película del Octavo Doctor, la alteración del tiempo surge como un accidente natural que hay que corregir antes de que provoque un cataclismo. En la etapa moderna, hemos tenido dos advertencias de lo que podría ocurrir si se cambia la Historia demasiado en "Father's Day" (2005) y "The Wedding of River Song" (2011), y un par de mensajes claros de que intentarlo es malo, "Last of the Time Lords" (2007), "Turn Left" (2008) y "The Waters of Mars" (2009), así como la propia existencia de la Guerra del Tiempo. Pero con todo eso ha aumentado la frecuencia de las reflexiones: al héroe planteándose la dicotomía entre el Señor del Tiempo que no debe alterar nada y el Doctor que quiere salvar a la gente: y el núcleo de esas historias forman también una especie de narrativa coherente paralela al curso de la serie. "The Fires of Pompeii" (2008), "The Girl who Waited" (2011), "The Day of the Doctor" (2013), "Kill the Moon" (2014) y lo que de momento parece un clímax, "The Girl who Died" (2015).

Todos viven
Este episodio también sigue hablándonos de la muerte y de la inmortalidad. "Morir es una habilidad", dice el Doctor ante la incredulidad de Clara. Y un derecho íntimo, había dicho el capítulo anterior. Sin embargo, el sentimentalismo le llevó a cometer un terrible error (aunque calculado) en "The Witch's Familiar" y no termina la historia sin preguntarse si ha vuelto a impulsarle a cometerlo al devolverle la vida a Ashildr. Incluso puede que acabe de obrar lo mismo de lo que acusaba al Rey Pescador en el episodio anterior -quitarles su muerte a sus víctimas-, y que haya cumplido a posteriori aquello de lo que lo acusaba Davros no hace mucho, crear un híbrido de dos razas guerreras: no de Daleks y Señores del Tiempo, sino de Vikingos y Mire.

Las circunstancias de ese retorno son bastante interesantes: destilan elementos de "The Doctor Dances" (2005), donde una nube de nanorobots reparaba constantemente a sus "guerreros" y de "The Snowmen" (2012), cuando Strax aplica toda su tecnología para traer temporalmente de vuelta a la Clara victoriana (aunque son razas similares en lo bélico, parece que los Mire son más avanzados que los Sontaran, en lo que a cuidados médicos se refiere). Si además recordamos que ambos eran capítulos escritos por Steven Moffat y que el Capitán Jack, el inmortal por excelencia de la serie, apareció por primera vez en la primera parte de la historia de los nanitas ("The Empty Child", 2005), no es difícil vincular aquellas historias con esta nueva iteración del concepto, que parece que acabaremos de explorar en el siguiente episodio. El trailer parece sugerir que la Ashildr futura busca algo relacionado con Hades, por tanto, tal vez intenta acabar con su propia vida. El peso de la inmortalidad...


Un último saludo a la inversión de la polaridad del flujo de neutrones. Sea lo que sea, seguro que resultará espectacular ^_^

20 octubre 2015

Opinión de "The Girl who Died" [ligeros spoilers]


Jamie Matheson escribió dos de los episodios de Doctor Who visualmente más llamativos de la temporada pasada, "Mummy in the Orient Express" y "Flatline". Ed Bazalgette fue conocido en los 80 como guitarrista del grupo The Vapors ("Turning Japanese"); tras foguearse dirigiendo documentales y otras series ("EastEnders", "The Guilty", "Poldark") casi se estrena en Doctor Who con este capítulo: antes ha firmado uno de los prólogos de la temporada, "The Doctor's Meditation".

Y cito esas circunstancias de ambos creativos porque probablemente de la voluntad de uno de demostrar que también puede escribir un Doctor Who más convencional y de la necesidad del otro de dirigir un Doctor Who sin demasiadas complicaciones, nazca el grueso de lo que es "The Girl Who Died": una aventura sencilla, anclada en un tiempo tópico y reconocible, un "histórico" con muchas de las simplicidades e inocencias de aquellos primeros años 60. "The Girl Who Died" es una historia del Primer Doctor al 80%, de lo que hablaremos mañana en el siguiente artículo: el otro 20%, no obstante, es muy importante. El otro 20% son Peter Capaldi y Steven Moffat.

No soy un gran fan de las historias en las que la estructura por actos resulta tangible: la odio, especialmente, en series en ese sentido prefabricadas y predecibles como Smallville, con sus cinco actos que ralentizan la trama. Sin embargo, admito que en este episodio ha servido para ir descubriendo nuevas capas, y que los actos de "The Girl Who Died" tienen entidades distintas: tras un primero con el problema y un segundo acto con la resolución, aún nos queda un tercer acto con las consecuencias, lo que hace el Doctor y sus propias revelaciones. El ritmo que lleva el capítulo altera casi sin que lo parezca sus duraciones internas para colarnos materia que daría para capítulo y medio.


Como digo, mañana habrá ocasión de hablar de intertextualidad, porque este episodio es muy rico en conexiones. Dejadme que os diga hoy que "The girl who died" no me ha apasionado, como capítulo. Los vikingos con cuernos (¿en serio?) sobraban totalmente, las actuaciones de los artistas invitados me parecen funcionales pero no demasiado inspiradas (hasta justo el final, me interesa más el Einarr de Ian Conningham que la Ashildr de Maisie Williams), y la trama es, cuanto menos, típica.

Y sin embargo, me ha emocionado: "hablo bebé" dicho por Matt Smith es una cosa, y permite hacer bromas divertidas con Stormaggedon. "Habla bebé" dicho por Jenna Coleman mientras Capaldi queda absorto en las poéticas palabras de un niño vikingo resulta perturbador la primera vez, y bellísimo la segunda; por no decir que esencial para la trama. La eficiencia con la que Clara trata al líder de los Mire es una señal de lo competente que es como personaje, y le da uno de los momentos interesantes a Maisie Williams, cuando fatalmente su sangre vikinga condena a toda su aldea. El momento en que el Doctor finalmente hace la conexión y entiende por qué tiene el aspecto de Caecilius es casi demasiado "in your face", deletreando cada parte de la ecuación para quien no haya estado atento, pero no por ello deja de tener perfecto sentido en esa historia que nos lleva desde "The day of the Doctor" (2013) (desde "Rose", 2005, por tanto), hasta aquí. No olvidemos que estamos en el 10º aniversario de la nueva etapa de la serie, y aunque no haya una celebración oficial, sí que hay un camino que el showrunner está reconociendo.

La muerte, la inmortalidad, los límites del poder de un Señor del Tiempo y la relación de todo eso con lo que nos hace humanos siguen siendo temas claves de una temporada, ante todo, coherente. Más allá del arco argumental, estamos hablando de una constancia temática que configura una verdadera firma, un acto de creación. Ésta está siendo una temporada encomiablemente de autor, "by Moffat".

Así que no, no me parece inspirado. Sí, sí me parece interesante. No, no me parece de lo mejor que está dando esta temporada. Sí, sí me parece de lo esencial que está dando esta temporada.

¿Contradictorio? Whovian.

17 octubre 2015

Análisis de "Before the Flood"

¡Saludos, whovians!
Aunque un poco tarde, volvemos a la carga con algunos datos curiosos que relacionan "Before the flood" con otros episodios y temas de Doctor Who. La semana pasada ya apuntamos la ligera conexión que había entre "Under the lake" y el serial del Séptimo Doctor "Battlefield" (1989), la historia más artúrica de toda la serie. Así que realmente no fue una sorpresa que los enlaces siguieran en este capítulo, con el villano de la trama bautizado como Fisher King.

El Rey Pescador es la figura clave de una de las ramas de los mitos artúricos, la del Grial. Guardián del Santo Cáliz, este Rey, herido e impotente, es incapaz de engendrar una nueva generación y pasa el tiempo pescando en el lago junto a su castillo, hasta que un caballero (Percival en solitario o junto a Galahad y Bors, según la versión de la leyenda), llega para curarlo haciéndole una pregunta concreta. El mito del Rey Pescador nace en el siglo XII con la obra de Chrétien de Troyes, pero muy probablemente bebe de una fuente anterior, el Rey Bran de los Mabinogion celtas, poseedor de un caldero que puede resucitar a los muertos.

En este capítulo, el villano conocido como Rey Pescador utiliza también la magia del lenguaje para su propósito. No usa soldados para sus fines, sino que manipula espíritus de muertos, conservando el tema de la esterilidad del original. La cámara de estasis, por tanto, tomaría el lugar del Grial o más concretamente del Caldero de la Resurrección. Y en vez de pasar sus días pescando en el lago, rodeado por un reino tan herido como él, acaba sus días siendo pasto de los peces bajo un lago que esconde una población devastada, que podría decirse que es su postrer reino ^_^


Otro serial del Séptimo Doctor al que nos transporta este episodio es "The Curse of Fenric" (1989). Como en él, la semana pasada ya vimos un texto que la TARDIS se negaba a traducir, un antiguo mal se esconde bajo una iglesia, hay cierta relación con los rusos e incluso tenemos un momento claramente inspirado en que los monstruos rodean a un aliado del Doctor sin llegar a hacerle nada. Vampiros artificiales forzados a su condición en 1989; fantasmas artificiales forzados a su estado en 2015.


Otro pequeño detalle: el Rey Pescador se refiere a los Señores del Tiempo como "curators" de la historia. "The Curator" es precisamente el nombre que asume la supuesta futura encarnación del Doctor con el aspecto de un viejo Tom Baker que el Undécimo se encuentra al final de "The day of the Doctor" (2013).

Como bien me recuerda Sara Castro, la escena precréditos de este episodio no es exactamente la primera vez que el Doctor se dirige, o parece dirigirse, a los espectadores; ya el año pasado en los precréditos de "Listen" hizo algo parecido. Aunque tal vez entonces hablaba consigo mismo y ahora con sus compañeros de viaje de UNIT. Pero tampoco es la primera vez que el Doctor menciona su amistad con Beethoven: ya lo hizo David Tennant en "The Lazarus Experiment" (2007).

El amplificador al que conecta el Doctor su guitarra en esta escena, por cierto, es un Magpie Electricals. La empresa apareció por primera vez en "The Idiot's Lantern" (2006) y varias piezas de equipos suyos han seguido mostrándose aquí y allí, como por ejemplo en "The Beast Below" (2010).

O'Donell menciona a Rose, Martha y Amy, tres companions que parecen constar en los archivos de UNIT de manera destacada. También habla de Harold Saxon ("The Sound of Drums"/"Last of the Time Lords" (2007) y de hecho toda la temporada 3), los acontecimientos de "Kill the Moon" (2014) y un misterioso "Ministro de la Guerra" del que aún no sabemos (ni nosotros ni el Doctor) nada. Excepto que, cualquiera que sea su aventura, ocurrirá entre 1980 y 2119, y UNIT estará al tanto de la misma.


El tema de la muerte próxima del Doctor y su reacción ante ello es recurrente en los últimos tiempos, desde "The next Doctor" (2008), "Closing Time" (2011) y "The time of the Doctor" (2013) al ultra-reciente "The Magician's Apprentice" (2015). Lo nuevo es el diálogo que tienen Clara y él sobre la misma y sus maneras de afrontarla: el "error contable" al que se refiere Capaldi cuando habla de su regeneración actual se debe a lo que ocurrió al final de "The time of the Doctor", cuando los Señores del Tiempo le dieron un nuevo juego de ellas. Y la referencia de Clara a que la muerte de este Doctor tiene que ser algo de lo que se ocupe "la que venga después" es su primera aceptación en voz alta de que no va a estar siempre viajando con él, y que sus aventuras juntos acabarán algún día. Creo que incluso es la primera vez que una companion se refiere, ni que sea tangencialmente, a sus "sucesoras".

En el próximo capítulo, Odín y los vikingos. Cuya última participación en la serie se remonta, precisamente, a "The Curse of Fenric". Todo encaja, todo encaja...

12 octubre 2015

Opinión sobre "Before the Flood" [spoilers]


El póster de Stuart Manning para el último capítulo de Doctor Who se ha convertido en uno de mis favoritos. Lo que resulta paradójico (wink wink, nudge nudge), porque el capítulo en sí es, por ahora, el que menos me ha gustado de esta temporada.

Matizo: "Before the flood" tiene éxito a la hora de plantear un episodio de viajes en el tiempo con muerte anunciada. Va recorriendo las etapas de ese tipo particular de historia deteniéndose en escenas y actuaciones interesantes. Algunas son originales o están particularmente bien resueltas, como el pueblo fantasma con imaginería comunista o el diálogo entre Clara y el Doctor acerca de la muerte inminente de este, o del Doctor con su fantasma. Resulta interesante que la TARDIS se niegue a permitir al Doctor cambiar la historia de la manera que pretende, mostrando que el protagonista no siempre puede hacer lo que le parezca.

Otras opciones ya están algo más vistas, empezando por la secuencia repetida desde dos ángulos de vista (cf. "Father's Day", 2005, o "Harry Potter and the Prisoner of Azkaban", 2004), pasando por el Doctor siendo el misterioso prisionero de la cámara de contención (cf. "The Pandorica Opens", 2010 y "The crimson horror", 2012) y acabando con el Doctor futuro manipulándose a sí mismo en el pasado (cf. "The Big Bang", 2010, "The Impossible Astronaut", 2011, o "Time Heist", 2014); pero no son elementos que molesten porque ya hayan sido utilizados antes. Entendemos que los recursos del viaje en el tiempo son unos y que, antes o después, acaban reapareciendo.

Lo que molesta un poco más son momentos como el encuentro entre el Doctor y el Rey Pescador: bien iniciado pero... ¿exactamente por qué no mata al Doctor antes de ir a comprobar lo que ha dicho? ¿Cómo hacía para controlar de esa manera los fantasmas? El Doctor fue al pasado para saber más sobre los fantasmas, pero al final sólo descubre quién los había creado. ¿Cuál es la relación concreta entre campo electromagnético y espíritu? La falta absoluta de personajes en el pueblo más que los protagonistas, Prentis y el Rey. La sensación de que por cada minuto bien aprovechado del episodio anterior aquí se ha malgastado otro. De que este episodio podía haberse resuelto en un cuarto de hora, y que "Under/Before" podría haber sido un especial de navidad de una hora sin perder nada esencial.

Sobre todo, la resolución basada en una paradoja rompe la sensación del capítulo anterior de que teníamos un misterio e íbamos a buscar respuestas. La respuesta final es "paradoja", la respuesta es "molaba, no tengo realmente una respuesta". Pese a ello, necesita todo el prólogo y el epílogo para explicar un tipo de paradoja que solo se produce parcialmente. Pero incluso si de verdad hemos tenido una "bootstrap paradox", parece algo artificial dedicar tanto rato a justificarlo, explicarlo y fundamentarlo.

No es un mal episodio, pero no me ha parecido satisfactorio viniendo de las bases de las que venía. Sin embargo, tiene varios temas de los que hablaremos en el próximo análisis. Hasta entonces...

Las frases:
"- Este es el Rey Pescador. Él y sus ejércitos nos invadieron y nos esclavizaron durante 10 gloriosos años. hasta que nos liberaron los Arcateenians. Pero gracias a dios, pronto les irritamos y también nos esclavizaron.
- Mi primer alienígena de verdad, y es un idiota".

"- De todas formas, esta regeneración es una especie de error contable".

"- Le has robado sus muertes a esa gente. Las has convertido en apenas un mensaje en una botella. Has violado algo más importante que el tiempo. Has forzado las leyes de la vida y la muerte."

"- No me beses: aliento mañanero".

El momento:
Beethoven: el Doctor hablándonos directamente por primera vez en la serie (sin contar especiales interactivos).

08 octubre 2015

Análisis de "Under the Lake"

Esta semana la entrada quizás será algo más corta, porque el último episodio de Doctor Who se mueve en unos parámetros mucho menos referenciales que los dos primeros de la temporada. Sin embargo, aún quedan aspectos a considerar.

En el análisis de "The Witch's Familiar" decía que esperaba ver reflejado algo de una historia de fantasmas gótica de la serie clásica: me refería a "Ghost Light" (1989), posiblemente la historia más compleja en los 52 años de la serie. Ya desde el trailer de la semana anterior se veía que este iba a ser un capítulo de espectros, algo no demasiado habitual en la serie (el mencionado "Ghost Light", "The Unquiet Dead", 2005, y el reciente "Hide", 2013, son los tres más relacionados con el tema, y en parte "Mummy in the Orient Express" del año pasado, además de "Random Shoes" de Torchwood). 

Pero si me remitía a "Ghost Light" concretamente es por la semejanza entre uno de los fantasmas de este episodio (que explorando los títulos de crédito de este episodio y el siguiente descubrimos que se llama Prentis) y dos de los personajes de aquella obra gótica del Séptimo Doctor: el ¿villano?, Josiah Samuel Smith, y el Reverendo Matthews.

 


El Doctor afirma que Prentis es un Tivoliano, uno de aquellos alienígenas cobardes del planeta más invandido del universo que conocimos por primera vez en "The God Complex" (2012); también en "Ghost Light", el fantasma titular es un alienígena atrapado durante años.


Pero había otra historia del Séptimo Doctor que, ya antes de ver el episodio, me parecía interesante por el paralelismo: se trata de "Battlefield" (1989), donde igual que aquí aparece una nave espacial estrellada en un lago. Igual que aquí con los fantasmas, el Doctor se enfrenta a una redefinición de su concepto del universo, al aparecer varios personajes de un universo paralelo en el que la magia sustituye a la ciencia (una idea que se desarrollaría más en novelas posteriores como The sorcerer's apprentice, que ya mencionamos hace un par de semanas), y en el que incluso él mismo existe como Merlín. Ace está a punto de morir al inundarse la habitación en la que está (también la actriz, Sophie Aldred, si no hubiera sido por la rápida reacción de Sylvester McCoy), muy parecido a como muere Pritchard en "Under the lake". Incluso hay una fuerza hostil brillante que protege la nave. Y así como en en el serial de 1989 UNIT tuvo un papel destacado (incluyendo la última aparición en la serie del Brigadier), en esta base subacuática tenemos también a un equipo de UNIT como co-protagonistas principales. 

Esos son los otros dos conceptos que nos llevan al pasado de la serie: la base bajo asedio y la aventura submarina. Lo primero es uno de los clásicos de Doctor Who: "base bajo asedio" es un subgénero whovian en sí mismo, que arranca con la última historia del Primer Doctor en "The Tenth Planet" (1966) pero que se convertiría en marca de fábrica del Segundo: "The Moonbase", "The Ice Warriors", "The Wheel in Space"; más recientemente, "Dalek" (2005), "The Waters of Mars" (2009), "Cold War" (2013) o "Last Christmas" (2014).

En cuanto a las aventuras bajo las aguas, también arrancan con el Segundo Doctor en "The Underwater Menace" (1966) y "Fury from the Deep" (1968), una pequeña tradición seguida por el Tercero con "The Sea Devils" (1972) y el Quinto, con "Warriors of the Deep" (1984). En la serie moderna no es un aspecto que haya sido tratado muy a menudo, y antes de "Under the lake" sólo podemos mencionar la reciente "Cold War". 


Me parece realmente interesante cómo la serie vuelve a tratar el tema de la muerte, algo de lo que ya hablé en el libro La bendición de la muerte fatal, y de los elementos míticos grabados en el subconsciente colectivo, referido por última vez en "Dark Water" (2014) y "Last Christmas", pero que habíamos visto en "The Satan's Pit" (2006) o "The End of Time - Part 1" (2009), y que ya aparecía en "The Time Monster" (1972) -precisamente, un serial sobre la Atlántida- y "Underworld" (1978).

Veremos donde nos lleva el siguiente capítulo: el Doctor viaja al pasado para conocer mejor el origen de los fantasmas y se convierte en uno de ellos. ¡No hay como la información de primera mano! Un cliffhanger sutilmente similar al de "The Rebel Flesh" (2011), a cuyos avatares se menciona de pasada, en este episodio. ¿Casualidad? Posiblemente...

06 octubre 2015

MdT: Un Acto de Venganza (II)


Prólogo Cap.I | Cap.II | Cap.III | Cap.IV | Cap.V | Cap.VI    


   (Oficinas del Ministerio, 2015)
  
   La Patrulla recordaba vagamente en qué pasillo estaba la puerta de Gil Pérez. La habían atravesado una vez: para llegar a Lisboa. En su segunda misión, que ya comenzaba a parecerles tan lejana. Pero se dejaron guiar por el joven Alonso, que cada vez se mostraba más inquieto. Pronto se les sumó Ernesto; se había retrasado apenas lo suficiente para echar mano a su listín. Su mirada era aún más grave y recelosa de lo habitual.

   Un extraño hallazgo confirmó que ambos tenían razones para preocuparse: en pleno pasillo subterráneo, cerca de la puerta, había una gran caja de madera cerrada con candado. No parecía muy usada; el estilo de ebanistería era sencillo y anticuado.
  
   -¿Qué hace aquí esto? -exclamó el joven, examinándola con preocupación-. Creo que lo he visto antes: en el camarote de Gil Pérez... 
  
   El sexto sentido de Ernesto se puso alerta al instante. Normalmente habría sido una simple infracción del protocolo de guarda y custodia de materiales. Pero en aquellas circunstancias…

   -Hay que abrirla -decidió, temiéndose lo peor.
  
   -Dejadme a mí -intervino Amelia.

   La joven ya estaba seleccionando una de sus "llaves mágicas". Las ganzúas de Irene, intentó no recordar: las que la ex-agente le había confiado para irrumpir en casa de Julián, aquel día terrible. El día de la rebelión de Leiva.
   Sumida en aquellos sombríos pensamientos, Amelia apenas se dio cuenta del chasquido del cerrojo al ceder. Se obligó a volver a la realidad, abrió la tapa y echó una ojeada al contenido.

   -Julián… -la mirada de Amelia mostraba una mezcla de fastidio y confusión, como siempre que se enfrentaba a tecnología desconocida-. Será mejor que mires esto.
  
   -¡Yo he visto antes este ordenador portátil! -exclamó el enfermero al comprobar el contenido. Se lo fue entregando a Ernesto, mientras pasaba lista-. Está todo: el ratón, el cargador, el módem USB, un escáner de mano... Todo el material informático de Gil Pérez. Ha debido dejarlo aquí mientras hablábamos arriba.
  
   -Para que no caiga en manos del enemigo -asintió Ernesto con gravedad-. Hemos llegado tarde.
  
   El chirrido de unos goznes y un furioso golpe subrayaron sus palabras. La patrulla y su superior se volvieron hacia el sonido, presintiendo lo que iban a ver. El joven Alonso había abierto la puerta de par en par, pero no había podido pasar del dintel.

   -Está bloqueada -confirmó con frustración-. ¡Ahora no podremos cumplir la misión!

  Amelia y Ernesto examinaron la puerta: parecía tapiada. Cegada por un muro que el hombre de confianza de Gil Pérez, sin rendirse, ya estaba examinando. Exploró meticulosamente el obstáculo mediante una serie de golpecitos del puño de su espada, cuidadosamente repartidos por toda la superficie. Pero el sonido no era hueco: no había ninguna salida al otro lado.
  
   -No puede ser... -musitó con tozudez-. Necesitan ayuda. Se lo prometí.

   El Alonso más veterano le miró fijamente, orgulloso por la dedicación del joven. Después clavó la vista en Ernesto:
  
   -¿Hay otra puerta a ese tiempo? No importa cuán lejos esté.
  
   -¡Otra puerta! -la mirada del joven se iluminó de repente-. ¿Es posible eso, Diego?
  
   -¿Diego? -se sorprendió Ernesto, levantando la vista del listín.
   
   -Sí, ya nos hemos presentado. Justo antes de que usted nos alcanzara -intervino Julián. Señaló discretamente a su compañero Alonso al añadir, con un susurro cómplice-: Diego Alatriste.
  
   Ernesto tuvo que fingir un ataque de tos para disimular la carcajada. Amelia, mientras tanto, le relevó con el listín y se hizo cargo de la situación.
  
   -Veamos -la joven frunció el ceño, realizó algunas comprobaciones y aguardó a que su superior recuperase el aliento-. Hay varias puertas a ese año, pero sólo una antes de Marzo: Sluys.
  
   -¿San Luis? -se interesó Julián-. No me suena ninguna ciudad con ese nombre por aquí. ¿Pertenece a España?
  
   -A veces -rezongó el veterano Entrerríos, taciturno-. Y a veces al Maligno.
  
   Los demás centraron en él sus miradas, tan intrigados como sorprendidos. Excepto Amelia.
  
   -Perdón, pero, ¿qué quiere decir eso...?
  
   -Sluys pertenece a un país de fango y arenas movedizas, tan traicionero como los herejes que la habitan. Hasta el sol parece allí un fantasma, que ni da luz ni calor. Esa tierra es el infierno.
  
   "Y tanto" reflexionó Amelia en silencio. "Será la tumba del hermano de Espínola".

   A Julián le sonaba aquello de algo, pero no conseguía recordarlo con exactitud.

   -No lo pillo... 
  
   -Vamos -sonrió "Diego Alatriste", con complicidad-. ¿Soy el único que lee a Pérez-Reverte?
  
* * * * * * * * * *
   
   (Sluys, sur de Flandes. Febrero de 1589)
  
   -Qué ropas tan extrañas -comentó el joven Alonso. Parecía realmente incómodo.
  
   -Todo es extraño aquí -comentó con cierta ironía el capitán Velasco, después de una breve bienvenida. Era el encargado de guardar la puerta, oculta en el interior de su cuartel general; además de liderar las tropas que mantenían cierto orden en aquella ciudad-. Con el tiempo, uno llega a acostumbrarse.
  
   -A mí no me molesta -sonrió Julián-: todo el pasado me parece igual de raro. Sólo es cuestión de grado.
  
   -Al menos, no pasaremos frío -se consoló Amelia: las ropas de estilo holandés eran llamativas y pesadas, pero cálidas-. ¿Tiene puerto esta ciudad? Necesitamos encontrar un barco que nos lleve hasta Inglaterra.
  
   -¿Qué asuntos puede tener el Ministerio allí? -se sorprendió el capitán-. España no tiene relación con esos herejes desde hace años, cuando Isabel I expulsó a nuestro embajador...
  
   -... por aquella conspiración para intentar sustituirla por María Estuardo, sí -se impacientó Amelia-. Pero ya les conocéis: tienen corsarios, y han robado algo que nos interesa. Os lo ruego, ¿podéis decirnos cuál es el puerto más cercano?
  
   El capitán Velasco asintió y les guió hasta el exterior. Entre los característicos tejados picudos de aquella pequeña ciudad (no pasaría de dos mil habitantes) se distinguían los campanarios de dos iglesias y, al fondo, un gran canal: un estuario que desembocaba, no demasiado lejos, en el mar.
  
   -Es curioso -comentó Amelia, aspirando el frío aire: estaba cargado de olor a humedad, a vegetación norteña, al agua semiestancada del canal. Comenzaba a lloviznar-. Noto algo familiar aquí, pero nunca he estado en Flandes.
  
   -Yo sí -reflexionó "Diego" con tristeza-. Me pregunto de qué habrá servido el tiempo que estuve luchando aquí. Un nuevo rey, una hambruna, unos impuestos, un predicador... y en poco tiempo, vi alzarse esta tierra como la de los Comuneros. Parecía una simple revuelta más. Nadie creyó que fuese a durar tanto.
  
   -Y falta mucho más -replicó Amelia, pensativa-. Será la Guerra de los Ochenta Años.
  
   Los demás la miraron atónitos, excepto Julián: él siempre había asociado la guerra al nombre de Flandes. Además, ideas extrañas distraían su atención: nombres como "Lovaina" o "Mercator". ¿Eran presentimientos? ¿O recuerdos?
  
   -Yo también noto algo... pero no. Nunca he estado aquí -dijo al fin-. Como no haya sido en otra vida...
  
   -No digáis eso muy alto, que bastantes conflictos religiosos tenemos ya aquí entre católicos y calvinistas -le espetó el capitán con seriedad-. Ahí lo tenéis: Sluys tiene puerto, y de gran calado. Fue la causa de su prosperidad al principio, y de varias guerras después. Pero las gentes de aquí ya no tienen tratos con los ingleses; de hecho, se sienten traicionados por ellos.
  
   -Porque Inglaterra no supo defenderles hace dos años -recordó el joven Alonso-. Cuando España volvió a conquistar esta ciudad. Me lo contó Lope.
  
   -Entonces, ¿no hay manera de llegar hasta Inglaterra desde aquí? -se exasperó Julián.
  
   -Tendremos que viajar hasta Francia -suspiró Amelia-. Allí sí mantienen el comercio con Inglaterra. En fin, al menos hablo francés. Y no está demasiado lejos.
  
   -¿Tenéis caballos disponibles, capitán? -se interesó "Alatriste", siempre práctico-. Rápidos, a poder ser. Tenemos prisa.
  
   -Se nota que no sois de aquí... -el capitán sonrió de una manera especial.
  
   -¿Qué queréis decir?
  
   La sonrisa del oficial se hizo más amplia:
   -Oostende.

   Los agentes se miraron, confundidos.
   -¿Allí están las monturas? -aventuró el más joven.

   -Oh, no -el oficial les invitó a seguirle con un gesto, guiándoles hasta el edificio anexo: era un establo-. Haré ensillar cuatro caballos, pero será un viaje muy corto. Oostende está a pocas leguas de aquí. Es la única ciudad de esta provincia que todavía no pertenece a España. 
  
   -¿Resistiendo, ahora y siempre, al invasor? -ironizó Julián-. ¿Como la aldea de Astérix?
  
   -¿Qué...? Bueno, de momento, no es cuestión de resistir -el capitán les miró con complicidad-. Oostende es más bien... conveniente para los comerciantes de toda la comarca. Cuando alguien de la zona española necesita un puerto que todavía envíe mercancías a Inglaterra... ¿comprendéis?
  
   Julián y "Alatriste" cruzaron idénticas miradas de sarcasmo. 
  
   -No se puede negar que el sur de Flandes es España -sonrió el enfermero-. Hecha la ley, hecha la trampa.
  
   * * * * * * * * * *
  
   (Torre de Londres, Febrero de 1589)
  
   -Es un honor conoceros, señor Dee -saludó Gil Pérez en un latín bastante correcto. Hacía gala de tanta calma y caballerosidad como si fuera el dueño de aquellos aposentos, y no lo que realmente era: un prisionero en una cárcel de máxima seguridad.
  
   -Ah, ¿habláis el idioma de la Ciencia? -el anciano matemático correspondió a su reverencia, complacido-. Me alegra saberlo: estos días es difícil encontrar un alma gemela. El honor es mío. 
  
   -No me aduléis, por favor -sonrió el español con sencillez-. No estoy a vuestra altura. Enseñabais álgebra en La Sorbona con sólo veinte años. Ahora sois el mayor matemático de Occidente. 
  
   -Pero vos tenéis un secreto de Oriente, ¿no es así? -John Dee le miró con complicidad-. Dicen que es un desafío para un aficionado a la Cábala y a los números. Como yo.
  
   -No, no: todo esto es un error. Lamento haceros perder el tiempo, pero no sé de qué habláis. Aunque agradezco vuestra visita -la mirada de Gil Pérez, afable y aparentemente despreocupada, se posó en el extraño manuscrito que Dee acababa de abrir sobre la mesa... 
  
   El anciano funcionario español se quedó sin habla. Aquel libro estaba escrito en un idioma único. Dee pasó algunas páginas, sin impedir que el prisionero pudiese ver el contenido: estaba cuajado de diagramas de inventos, constelaciones, plantas extrañas... pocos ojos en el mundo habían visto aquel manuscrito todavía. Sólo alguien procedente del futuro, o un funcionario del Ministerio del Tiempo, podía saber qué nombre llegaría a alcanzar, siglos después. 
   Pero aún menos gente sabía qué libro español se parecía asombrosamente a aquél... 
  
   -Extraño manuscrito, por cierto -se interesó Gil Pérez, intentando que no le temblara la voz. El idioma era distinto, pero... los diagramas guardaban una escalofriante semejanza con el Libro de las Puertas.
  
   -Lo conseguí del sabio Roger Bacon, pero sólo yo he sabido descifrarlo -explicó Dee. Y nadie más lo sabrá: si no hallo un discípulo digno, me llevaré el secreto de este idioma a la tumba -el matemático y ocultista miró al funcionario español tentadoramente-. Lástima: quién sabe si podría compartirlo con vos... 
  
   -¿Tan interesante es ese libro? -Gil Pérez no era experto en números; su formación sobre el tema se reducía a algunos rudimentos de contabilidad y de latín. No sabía mucho más, aparte de un vistazo fugaz a una página del Libro de las Puertas, en un raro acto de cortesía de Salvador. Pero decidió seguirle la corriente a su interlocutor-. ¿Qué dice?
  
   -Que mentís -la mirada del ocultista inglés estaba llena de complicidad-. Con la ayuda de este libro he examinado la puerta que hay en vuestro barco, y hay magia en ella. Sólo falta descifrarla.
  
   * * * * * * * * * *

   (Estuario del Támesis. Cubierta inferior del galeón de Gil Pérez)
  
   -¿La... la Torre de Londres?
  
   Los “mercaderes holandeses” (un hombre y una mujer) interrumpieron por un momento su tarea. Pero, recordando el vigía que aguardaba fuera de la sentina, pronto continuaron distribuyendo los parcos víveres entre los prisioneros españoles. A los comerciantes sólo se les permitía entrar en el galeón durante una hora al día, para aprovisionarlo. El tiempo casi había terminado: el guardia inglés entraría en cualquier momento para hacerles abandonar la nave. Y si sorprendía a los “holandeses” hablando con los prisioneros en perfecto español, no dudaría en encerrarlos junto a ellos.
  
   -Estamos jodidos -rezongó el "mercader"-. Han tenido que meter a Gil Pérez en la maldita Torre de Londres. Con las joyas de la Corona. Esto sí que es Misión Imposible, joder.
  
   -Contén esa lengua, Julián... pero tienes razón -admitió Amelia, todavía disfrazada con sus ropas holandesas-. Es imposible sacarle de allí. Ni con Espínola.
  
   -Hay algo más -musitó uno de los prisioneros. Era el segundo de a bordo. El que antaño daba órdenes a los galeotes; irónicamente, ahora había ido a dar con sus huesos no muy lejos de ellos.
  
   -Callad -ordenó el capitán-. No ganamos nada diciéndoselo.
  
   -No, por favor -se inquietó Amelia, sin interrumpir el reparto de víveres-: ¿qué debemos saber?
  
   El contramaestre sonrió nerviosamente. En aquella mueca había un miedo cerval.
  
   -¿No os preguntáis por qué nos han encerrado aquí, y no en una prisión?
  
   -Sí, la verdad -reflexionó Amelia. Toda la tripulación del galeón estaba prisionera en las bodegas de su propia nave; sólo Gil Pérez había sido trasladado a tierra firme-. Londres tiene las cárceles llenas, porque Isabel persigue a los católicos por “traición”. Tan duramente como su hermanastra María persiguió a los protestantes...
  
   -Oh, sí -resopló el segundo de a bordo-. Pero, además, esto es un cadalso. Si Gil Pérez habla, traicionará a España y caeremos en desgracia. Si no, este barco dejará de serle útil a Su Pirata Majestad, Isabel: sus corsarios nos remolcarán hasta mar abierto y nos hundirán. Así de fácil.
  
   A Julián se le hizo un nudo en el estómago.
  
   -Pero qué hijos de p...
  
   -Hay ejecuciones peores: la hoguera, por ejemplo -le interrumpió el capitán. Después dirigió una mirada furibunda a sus oficiales, sin osar levantar la voz-. Ahora callad; estos dos están aquí para ayudarnos -señaló a Julián y Amelia-. Pero tenemos que guardar silencio y no meterles en problemas. Porque si los descubren, los apresarán como a nosotros; y entonces sí que estaremos todos muertos. ¿Entendido?
  
   La disciplina con que asintieron los tripulantes hizo palidecer a Julián. Su compañera también contuvo las náuseas; no estaba segura de nada. Qué planes trazar, qué rumbo seguir, cómo rescatarlos... Mientras acompañaba al enfermero hacia la salida, Amelia comprendió que ya no sólo se trataba de salvar una puerta. Era demasiado lo que le estaban confiando. Y ella no sabía ni siquiera por dónde empezar.
  
   Él, en cambio, parecía tranquilo al despedirse de aquellos condenados. Había que ser enfermero o médico para distinguir la estudiada calma de aquella mirada compasiva. La que se reserva para serenar a los pacientes antes de darles la peor de las noticias.
  
   -Volveremos -Julián intentó aparentar una seguridad que no tenía. Que no podía tener-. Lo prometo.
  
   * * * * * * * * * *
  
   -Esto es poco menos que traición -rezongó el joven Alonso, en algo parecido al portugués. Era capaz de muchas cosas por su patria; pero jamás se habría imaginado embutido en un uniforme inglés, alistándose en la Armada de un país enemigo, mezclado con traidores lusos y holandeses. Peor aún: haciéndose pasar por uno de ellos.  
  
   -Paciencia y silencio, compañero -aconsejó “Alatriste”, en un remedo del mismo idioma; ambos habían aprendido a hablarlo gracias a antiguos compañeros de armas. Dadas las circunstancias, era más prudente no hablar en castellano. Echó una ojeada discreta a su alrededor: nadie les escuchaba, de momento. Pero no podía bajar la guardia.
  
   Hacía un par de días que se habían alistado, pero no habían tenido demasiados problemas para conseguir un puesto de centinela en el mismísimo galeón español apresado; lo cual les venía de perlas para franquear el paso a Julián y Amelia cuando fuera necesario.

   Obviamente, no había sido fácil; los ingleses les habían puesto a prueba, dejándoles a mano algún medio para delatarse. Pero los dos agentes infiltrados habían conseguido parecer dignos de confianza. Para un zorro viejo como Alonso padre, algunas estratagemas habían sido infantilmente evidentes; sobre todo, cuando el capitán inglés fingió olvidar las llaves de los prisioneros ante las narices de los dos nuevos reclutas. Las llaves que habrían podido liberar a la tripulación de Gil Pérez, encerrada en la (ahora enrejada) sentina de las cubiertas inferiores. Soltarles... ¿para qué? ¿Para partir hacia una emboscada? El veterano no había caído en la trampa; pero se las estaba viendo y deseando para contener los impulsos de rebeldía y patriotismo de su imprudente compañero. ¿Así era él mismo al principio, cuando fue reclutado por Ernesto? ¿Así le veían Amelia y Julián?
  
   -¿Cuánto tiempo más tendremos que mantener esta farsa? -insistió el joven. Aquello le parecía una broma del destino: odiaba el teatro. Y ahora se veía metido de lleno en un papel que no podía dejar de representar.
  
    -El que sea necesario -contestó el veterano secamente-. Tenemos órdenes. Y cuando llegue el momento, Alonso, atacaremos. No antes. Pero vive Dios que lo haremos.
  
    -Sí, pero mientras tanto somos sirvientes del enemigo. Mi padre no se rebajaría...
  
   -Os sorprenderíais -el mayor, antaño tan impulsivo, tuvo que reconocer que la situación resultaba irónica. Volvió a vigilar los alrededores antes de continuar-. Vuestro padre nunca habría cuestionado las órdenes, por mucho que le disgustaran. Y valía para más cosas, además de ser soldado; no le habría hecho ascos a la profesión de espía. No se trata sólo de este galeón: tenemos que averiguar qué más traman, por el bien de nuestro país. Mirad a vuestro alrededor: los ingleses están reclutando una Armada inmensa, y lo peor es que mis compañeros, siendo del futuro, no la conocen. Saben que tuvimos más ataques de Inglaterra, pero no esto: es el doble que la Invencible.
  
   -Lo entiendo. Pero obedecer a una mujer... -aquello era casi lo más chocante para el joven-, y fingiendo traición...
  
   -Estratagemas impensables, sí -hubo de admitir el agente del Ministerio, con un suspiro de resignación-. Pero por eso funcionan; porque ni el enemigo ni nadie sería capaz de adivinarlas. Esto ya no es el Ejército. Bienvenido al mundo del espionaje, amigo mío.
  
   * * * * * * * * * *
  
     -No me siento capaz, Julián...
  
    -Vamos; no mira nadie -la animó su compañero-. Bueno, sí, los vigías de este lado, pero son los Alonsos. Y tú tienes muy buena mano con esas ganzúas de Irene.
  
   -No me refiero a eso -confesó Amelia, todavía muy pálida. Abrió la puerta del camarote con una maestría que habría llamado la atención de cualquier policía. Sólo después de entrar y cerrar la puerta, a salvo del exterior, se atrevió a continuar-: No puedo. Esos hombres. No sé cómo hacerlo.
  
   Julián la miró comprensivamente. Sabía cómo se sentía. Él también había estado en una sala llena de marinos condenados, una vez. Él también había tenido que marcharse para no derrumbarse allí mismo y contarlo todo. En una taberna, en Lisboa. Con la tripulación del “San Esteban”.
  
   -Tenemos tus llaves para liberarlos -intentó calmarla-. Y a dos buenos compañeros ahí fuera. Hay vigilancia, pero Alonso es “soldado viejo”, y de los mejores. ¿Has oído hablar de las “encamisadas”? Te sorprendería lo que he encontrado en la biblioteca del Ministerio sobre los Tercios. Sabían infiltrarse en el campamento enemigo: pocos, de noche, en plan comando...
  
   -¿Y cómo los sacamos de Londres? -interrumpió ella-. ¿Cómo sacas un maldito barco sin que nadie lo note?
  
   -Ya pensaremos algo...
  
   -¿Y Gil Pérez? ¿Y esto? -Amelia se dirigió a la puerta y realizó las comprobaciones de rigor: desactivada. Inutilizada. Apartó de una patada algo que se le había enredado en los pies: una bandera con la Cruz de Borgoña, partida en dos. La recogió con fastidio y la dejó sobre el escritorio.
  
   Julián estaba perplejo: ella parecía estar pidiéndole que tomara una decisión, y eso raramente lo hacía nadie. El enfermero era el último mono de la patrulla, por mucho que "Alatriste" se quejara de lo mismo. Sólo le habían dejado al cargo una vez: cuando Alonso y Amelia se marcharon descaradamente de tabernas con su hijo y con Lope. Y cuando montó el numerito milagrero en Salamanca. Aquel último recuerdo casi le hizo sonreír: lo de Salamanca había sido una trolleada del quince. Pocas veces se había divertido tanto en aquel trabajo...
  
   El sonido de la puerta exterior le heló la sonrisa.
  
   -Charming -observó John Dee desde el umbral, contemplando a la mujer. Dos guardias le flanqueaban, bloqueando cualquier posibilidad de huida. El inglés se volvió hacia Julián con cara de pocos amigos-: Who art thou, and what art thou doing here?
  
   -We... we are Dutch merchants, sir. We are bringing the daily supplies... -comenzó a tartamudear el enfermero. Pero se quedó helado en cuanto su mirada se posó en el manuscrito que portaba el intruso. Estaba semiabierto, como si Dee lo hubiera estado consultando por el camino.
  
   Sólo un aficionado a los libros llamativos, o a "La Nave del Misterio", o a curiosidades virales de Internet, podría reconocer aquellas páginas. Y Julián se estaba empezando a interesar por todo aquello. En parte, para matar el tiempo en sus noches de soledad; quizá también por cierta maliciosa afición a detectar errores laborales del Ministerio, en programas como el de Jiménez del Oso.
   Pero nunca habría esperado encontrarle utilidad a aquellas excentricidades en plena misión.
  
   -¡Joder! -se le escapó, en un castellano nada propio de aquel tiempo-. ¡El Manuscrito Voynich!
  
(CONTINUARÁ...)

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